Antes de descubrir que la vida me engañaba, cuando uno todavía era inocente y todo le parecía de un color rosa Hello Kitty; antes de volverme un hardboiled (de ser librero siquiera) cayó en mis manos uno de esos libros que valen su peso en oro, uno particularmente valioso no solamente por ser particularmente pesado (en volumen, no en lectura), sino porque me hizo ver que la FANTASÍA (con mayúsculas) no era dominio exclusivo anglosajón. Que ellos sencillamente apoyan y valoran un género donde han logrado escribir grandes obras mientras que en España, de tradición más realista, pese a haberse escrito también grandes obras no las hemos reconocido (ni internacionalmente vendido tan bien).
Me refiero a Olvidado Rey Gudú, la más magna de las que yo conozco (y me atrevería decir que de todas). Pocos libros me han transportado a su mundo como lo hizo él. Para este librero hardboiled, que busca y se enfanga en la sordidez del género negro, es como el amor platónico del detective tipo duro de moral cuestionable y aparentemente exento de sentimientos. Esa rubia, pelirroja, castaña o morena (o, en este caso, níveo) ajena a su mundo a la que ama secretamente pero mantiene distante por temor a mancillarla con lo que cada día ha de bregar
Con la concesión del Cervantes a Ana María Matute se ha hecho mucha justicia.
Tengo la lectura de varias novelas empezadas. Los títulos de algunas de ellas son, por ejemplo, Educación siberiana (Nikolái Lilin, Salamandra), Benegas (Francisco José Jurado, Almuzara) y El laberinto griego (Manuel Vázquez Montalbán, Booket). Pero llego hoy a casa cansado después de mi primer día de trabajo tras las vacaciones y, una vez cenado, cuando me dispongo a coger uno de esos libros iniciados de la pila sobre la mesa en la que están, desvío mi atención hacia un estante y saco Puta linda, de Fernando Ampuero, si no me equivoco el primer libro que publicó la joven editorial Salto de Página.
No ha sido un gesto pensado conscientemente pero no se me escapa que la elección tampoco ha sido casual. A veces me da por un tema y, como comprador compulsivo que soy, me hago con una bibliografía al respecto. Luego puedo tardar en echar mano de los libros pero me gusta tenerlos ahí y este verano he retomado la lectura de libros relacionados con el tema de la prostitución y el tráfico sexual de mujeres y niños. Así, empecé leyéndome Los amos de la prostitución en España (Joan Cantarero, Ediciones B) para luego pasar al Palabra de puta (Paco Gisbert, Ediciones B) y finalmente terminarme esta misma mañana El año que trafiqué con mujeres (Antonio Salas, Temas de Hoy). Si quieren leer al respecto y me permiten una sugerencia, les aconsejo que, aunque escrito posteriormente, se lean el libro de Joan Cantarero antes del de Antonio Salas como casualmente he hecho yo porque creo que les aclarará muchas cosas (y valorarán desde un primer momento la verdadera tensión de la comprometida situación en la que se ve metido Antonio Salas al comienzo del libro).
Como les decía la elección del Puta linda no ha sido casual. Como me apetecía leer ficción y aún estoy dándole vueltas a lo leído en El año que trafiqué con mujeres, mis instintos me llevaron hasta el libro de Fernando Ampuero (haciéndome postponer la decisión del próximo libro de no ficción que leeré que aún no tengo claro si será La agenda de Virginia (Alejandra Duque, Temas de Hoy), Tráfico sexual (Siddharth Kara, Alianza Editorial) o Esclavas del poder (Lydia Cacho, Debate)). Y la verdad es que me alegro que así haya sido porque me lo he leído de una sentada, algo que hacía muchísimo tiempo que no hacía.
Uno es, por desgracia, de lectura lenta e intermitente. Dedicar una hora continuada a leer suele serme una utopía, no sé si por mi caracter nervioso, malos hábitos lectores o falta de tranquilidad en casa. Por eso, independientemente de la brevedad de la obra (en este caso 139 páginas), me parece meritorio ya no sólo que me haya tenido interesado hasta que me lo he terminado (máxime, como he dicho, habiendo llegado cansado de trabajar) sino que además me tenga aún despierto para escribir esta entrada (después de casi tres semanas de silencio).
El libro no es que tenga una trama espectacular o intrigante, al contrario, es muy sencilla. Se trata de la historia de un (llamémosle) proyecto de escritor que va a un burdel para estar con una prostituta cuya historia personal pretende que le inspire un personaje sobre el que escribir. Paga sus cuarenta soles cada vez que la visita para que ella le cuente su historia sin saber a ciencia cierta si lo relatado es verdad o mentira y, a medida que avanzas en la novela puedes ver, entre otras muchas cosas, distintas perspectivas de la prostitución en Perú (país de origen del autor).
Si tuviera que achacarle algo a la novela quizá sería un poco la ligereza con la que acepta la musa del escritor su condición de puta. No es que no resulte verosimil ni mucho menos, pero me cuesta aceptarlo. Aunque claro, reconozco que mi perspectiva puede no ser demasiado objetiva ni correcta por venir de leer tres libros de no ficción en los que la gran mayoría de las prostitutas ejercen forzadas contra su voluntad.
A mi juicio, un buen libro. Y bien escrito. Quisiera agradecer a Salto de Página que haya publicado este libro que me ha hecho disfrutar después de mucho tiempo del placer de una lectura del tirón.
Fue ayer y le pasó a una de mis compañeras. Se le acercó un cliente que le dijo:
-Quisiera el "Diccionario Espasa de Sinónimos y Antónimos". Pero no ese que tienes ahí en tapa dura. Yo lo quiero en "rural"...
Otra cosa no sé, pero es evidente que falta le hacía...
Llamaron pidiendo permiso y hoy les hemos tenido: una pareja de recién casados haciéndose las fotos de su boda.
Trajeados y con los dos fotógrafos franqueándoles, entraron a media tarde y se retrataron con toda la ilusión distintas partes de la librería. Para ellos, la librería es muy importante porque fue el lugar donde se vieron por vez primera después de conocerse en un chat de fantasía y no han querido marcharse sin hacerse una última foto junto a los libros de Terry Pratchett.
Me ha hecho particular ilusión. Por cosas así merece la pena ser librero, abrir una librería. Es un punto de encuentro donde coincide gente que hace años que no se ve y los vez abrazarse y contarse su vida, donde grupos de adolescentes se reunen antes de marchar a otra parte para tomar algo, y también, por qué no decirlo, donde puedes encontrar ese libro que leíste hace años, prestaste y acabo perdido.
Aunque sean más religiosos que nadie, no creo que alguien se haya hecho sus fotos de boda a El Corte Inglés (nadie salvo quizá algún empleado extremadamente corporativo necesitado de psicólogo, quien sabe...). Ellos pueden tener más pasta, pero no lo pueden tener todo: hay cosas que no se pagan con dinero.
El noventa por ciento de las novelas policíacas están escritas por gente que no sabe escribir.
Carta de Raymond Chandler a James M. Fox (5 de febrero de 1854).
Qué grande eras (y eres), Raymond.
-No veo que tengáis mi libro.
Me lo dijo sin antes saludar. ¿Para qué? Solo era otra eterna tarde de sábado en la que uno preferiría estar en cualquier otra parte y espera algo de compasión de aquellos que se le dirigen en la forma de un mínimo de cortesía. Pobrecillo, trabajando un sábado por la tarde. Cariño: si le pedimos un libro no olvidemos darle antes buenas tardes, me gustaría que dijeran a sus parejas, pero tal vez sea mucho pedir.
Tardé un segundo en ubicarle. Autor local pero no de los de autoedición. De los que generalmente publican ensayo y no tienen uno o dos libros, sino unos cuantos de los que siempre te falta alguno. De los de edad avanzada que no tienen cosa mejor que hacer que pasearse por tu librería cada dos por tres para controlar sus títulos y angustiarse cuando no los ven porque, como me dijo una vez un librero sevillano, pertenecen a la Cofradía del Puño Cerrado; el equivalente "culto" de los que se pasean contemplando obras... Si son libreros es posible que tengan alguno como él. Yo, así de memoria, por lo pronto se me vienen a la mente tres.
-Buenas tardes, don.... -llamémosle Pepito. Yo sí le saludo, ya saben, por lo de "tratar como te gustaría que te trataran " y todas esas historias.- ¿A cuál de ellos se refiere?
-El de ...-y me dice el título del último, publicado hace poco menos de un año para aprovechar el tirón de otro similar igual de localista y que se estaba vendiendo como churros.- No lo veo -repite, y percibo un atisbo de angustia en su rostro, reflejo del cálculo de ventas que piensa ha podido perder porque no lo tengamos- pero como habéis cambiado esto...
Es su esperanza, lo que todos esperan, que estén equivocándose porque les cuesta aceptar que nos falten sus libros. Efectivamente, hemos cambiado recientemente algunas secciones de lugar y eso le hace tratarme con cierta moderación, no vaya a ser que se cabree y luego tengamos el libro en un sitio bien a la vista. Algunas personas mayores tienen muy mal pronto.
-Pues don Pepito, si no tenemos su libro no será por no querer tenerlo. Porque su libro se vende muy bien, eso lo sabe usted tan bien como yo, y la cosa no está como para no tener un libro que se vende.
Todo lo dicho es verdad y por eso se lo digo. Por eso y por alimentar su ego, que nunca está de más. Alimentar el ego de escritores es algo que no practico todo lo que me gustaría y que, nuevamente si son libreros, les aconsejo que hagan. No se imaginan lo divertido que puede llegar a ser.
Tecleo en el ordenador el título de su libro. Aparece en pantalla y veo sus existencias: cero. Generalmente reviso todo antes de dar la noticia (si está pedido, el estado del libro, etc.) pero decido soltárselo crudo. Debió haberme saludado.
-Efectivamente, no lo tenemos.
Le miro inmediatamente a la cara para no perderme su angustia que, efectivamente, se acrecenta. Qué cruel eres, Bernie. El pobre hombre no se merece esto porque le tengas algo de manía desde esa Feria del Libro en la que le tuviste firmando y Guardiola le castigó. Creo recordar que eso también un sábado pero del año pasado, y digo Guardiola no porque piense que sea Dios (algunos lo pensarán, pero yo no soy culé) sino porque mientra estaba allí sentado, viendo que no tenía ningún éxito, se puso unos cascos para escuchar el futbol. Me pareció una falta de respeto, particularmente en el momento que gritó ¡GOL! y levantó los dos brazos en alto. Creo que ahí estuvo el punto de inflexión. Finalizada la sesión de la firma se marchó muy serio y lo atribuí a que no había firmado lo que esperaba, pero al día siguiente me enteré de que el Barça le había metido 2-6 al Real Madrid en el Santiago Bernabeu y comprendí muchas cosas (su silencio funerario, el olor a vinagre que emanaba de su rostro...). Por eso digo que Guardiola le castigó.
Tardó un poco en reaccionar y aproveché para decirle antes de que el dijera nada:
-Vamos a ver qué pasa...
Profundizo en los entresijos de la ficha del libro. Ese es el momento en el que tocaría apaciguarle diciéndole que posiblemente esté reponiéndose, hayan ejemplares en el almacén o cualquier historia, pero prefiero permanecer en silencio porque te hace parecer más profesional. Medio minuto después, me relamo porque soy un cabrón y la cosa es mejor de lo que esperaba.
-Mire, don Pepito -le digo-. Tenemos un pedido de abril de cinco ejemplares que no nos han servidos. El programa lo reclama automáticamente pasados unos plazos, pero no han llegado.
-¿Desde abril estáis sin él? -Su angustia se dispara exponencialmente. Imagino que no puede calcular a bote pronto el número de ventas perdidas y eso le pone bastante nervioso.
Entonces caigo en la cuenta de un detalle y añado:
-Es más. Para la Feria del Libro de este año yo también lo pedí y tampoco me llegó. Sus otros títulos sí estuvieron representados, pero este no, así que lo tenemos más que pedido y el reclamado.
Conociéndole sé que normalmente se habría cabreado, que no habría llegado a montar un escándalo pero habría intentado presionarme, pero debí dejarle tan descolocado que sólo alcanzó a decir:
-Pero hombre. Eso hay que llamar a la editorial y reclamarlo telefónicamente o hacer algo...
Y a lo mejor otro día me habría sentido impelido a hacerlo, aunque sólo fuera por curiosidad propia, para saber si el libro está agotado (algo posible) o el distribuidor es un manta (aún más posible). Pero, ¡oh, vaya! ¿a quién vas a llamar un sábado por la tarde (o cualquier día de la semana siguiente que, siendo ya agosto, posiblemente estén todos de vacaciones)?
Como no tengo más que decir, me encojo de hombros. Él tampoco tiene más que decirme ni puede hacer más, así que se retira con el tambaleo del boxeador noqueado. Soy consciente de que he sido algo sádico y he disfrutado con ello pero, ¿qué quiere que les diga? Estás trabajando un sábado de operación salida que no viene ni el tato y se te cruza uno de estos autores maleducados que no saludan y vienen imponiendo, que te ponen buena cara sólo si ven sus libros pero te consta que menosprecian tu librería a tus espaldas, y uno se siente impelido a hacer algo, aunque sólo sea para no morir de aburrimiento.
Mejor morir matando.
Desde aquí quiero dar mis felicitaciones a Xavier Puig por hacernos llegar a través de su página El Mundo Today la noticia del enfrentamiento entre dos bandas de Latin Kings motivada por una discusión sobre Dostoievski.
ALGUNOS CUESTIONARON LA INFLUENCIA DEL ESCRITOR EN NIETZSCHE

Una pelea entre dos facciones rivales de los Latin Kings ha tenido lugar esta madrugada en un descampado de Rubí (Barcelona), obligando a la Policía a intervenir con pelotas de goma y potentes gritos para evitar que los jóvenes se desgarraran literalmente a cuchilladas. Todo empezó a raíz de las discrepancias internas entre algunos miembros de la banda en relación a la figura de Fiódor Dostoievski, el célebre escritor ruso cuya influencia en Friedrich Nietzsche fue matizada, según parece, por un grupúsculo de disidentes partidarios del revisionismo literario y de un nuevo enfoque de la novela alejado de la sacralización del psicologismo. “Yo tengo full amigos latin de diferentes tendensias filológicas pero esta webada la disen porque nadie les para bola pobres…hijue… madre… perdon la palabra pero eso es lo q siento… Dostoievski es impresindible para entender el nihilismo son unos webones”, exclamaba uno de los miembros de la banda tras su detención.
Los intentos de las autoridades policiales por fomentar un acercamiento de pareceres no pudieron evitar que la pelea se saldara con seis heridos graves y un muerto que ni siquiera era conocedor de los vínculos entre el filósofo alemán y el novelista. “Los putos pendejos le rebentaron la cabesa por desir que Stendhal es más importante como influensia porque de Dostoievski apenas había leído una versión fransesa de ‘L’esprit souterrain’”, se lamentaba uno de sus compañeros. “Ignorantes, que respeten y no mormuren si no saben”, añadía otro ferviente defensor del diálogo abierto al que apuñalaron en el estómago.
Tras saberse lo ocurrido, el editor de la revista “Reflesionar”, considerado líder ideológico de la banda, ha emitido un comunicado en el que, condenando la violencia, emplaza a todos los latinos “a pasar de esos mamavergas que le pierden el respecto a nuestro padrino king blood que es y será siempre el autor de ‘Crimen y castigo’”.
Es bueno saber que la juventud no está del todo perdida y sigue cultivándose leyendo los clásicos...