miércoles, 31 de marzo de 2010
Recuerdo a aquel escritor de bestsellers que una tarde iba a firmar en mi librería y la mañana antes dijo que no, que lo que quería era firmar en El Corte Inglés.
Así acabó siendo, y me jodió, la verdad. Pero claro, ¿por qué iba a querer firmar en una librería independiente cuando El Corte Inglés seguro que vende más ejemplares de sus libros? ¿Se le puede reprochar al escritor regirse por ese refrán que dice que es de bien nacido ser agradecido? Porque resulta obvio que debía estarle más agradecido a El Corte Inglés por hacerle más rico de lo que le hemos hecho nosotros.
Lo triste es que este tipo de autor es el mismo que si no ve sus libros muy expuestos y muy bien representados allá donde va, se cabrea. Es más, es el mismo tipo de autor que si no tuviera un título con ventas medianamente decentes, estaría encantado de presentar su nuevo libro en una librería independiente y agradecido de tener sus obras dentro del fondo de la misma (cosa que, en una gran superficie, es harto improbable porque no acostumbran a tener demasiado fondo y ese fondo se rige básicamente por las ventas).
Pero bueno. Uno lo asume, asimila la situación, acepta su posición y toma una decisión. Piensas que si tiene apalabrada una firma contigo y se va a otro sitio, sus palabras escritas no deben valer mucho más que sus palabras habladas (cosa que ya sospechabas). Pero tampoco vas a dejar de tener sus libros por el desplante porque, al fin y al cabo, eso sería hacérselo pagar a los clientes: ser un libro bestseller supone que tus clientes van a venir preguntando por él y estos lectores no tienen la culpa de nada.
Así que reduces el número de ejemplares a su mínima expresión, dejas de tenerlo expuesto de cara para ponerlos de canto (¿para qué exponer lo que te van a venir pidiendo?), haces la reposición en pequeñas cantidades cuando sea pertinente, devuelves esos otros títulos suyos de los que se llevan uno cada muchos meses (marcándolos en el programa de la librería para que sean repuestos sólo por encargo) y te quedas tan a gusto.
Tal vez vendas menos ejemplares de sus libros pero, ¡qué diablos!, te lo puedes permitir. Puedes decidir hacerlo y eres libre de hacerlo (cosa que un librero de El Corte Inglés dudo que pueda). Además, siempre puedes recomendar alguna alternativa, entre ellas ese libro del que en parte se ha copiado (perdón: quise decir inspirado), que en su conjunto es bastante mejor y, además, otra editorial ha reeditado aprovechando el tirón de la obra más vendida del autor.
Yo seguiré igual, y de cara al autor y a la editorial todo esto tampoco supondrá ninguna diferencia (uno es tan pequeño que lo que haga no representa siquiera la picadura de un mosquito a un elefante).
Pero tal vez algún día ese bien nacido vuelva a mi librería.
Entonces no verá sus libros expuestos como quisiera y es posible que se enfade.
Sólo por esa posibilidad creo que merece la pena.
Publicado por Desconocido @ 0:59
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