No he visto rayos C brillar más allá de la puerta de Tanhauser, pero sí a escritores que se asocian en entidades que organizan presentaciones en las que se compran los libros los unos a los otros, en una especie de orgía onanística tan absurda como las películas de Manuel Summers donde todo el mundo es bueno o mejor cuando lo único que cada uno de ellos tiene en mente es el 10% sobre el precio del libro que el otro le acaba de dar.