miércoles, 07 de abril de 2010
Esta mañana entré en el Carrefour próximo a mi casa a comprar pan, papel de cocina y pañuelos de papel, y lo primero que me encuentro es un estante lleno de libros puestos de cara y con una pegatina redonda (bien roja y grande) que dice oferta 5,95€. Los primeros que veo son de Suma de Letras y no me sorprende porque desde el principio saldaron y no dejan de tener un perfil más comercial (aunque me da coraje ver a ese nuevo precio la edición de El traje del muerto de Joe Hill que venía con un cedé de música y costó en su momento veinticinco euros). Pero me quedo bloqueado cuando reconozco La tierra pura, de Alan Spence: ese no es de Suma de Letras, es de Alfaguara y, como el comercial de Alfaguara me lo regaló cuando iba a salir a la venta, sé que no hace tanto tiempo desde que saliera como novedad (según la página de la editorial, donde aún aparece registrado a su precio, poco más de tres años).

No era el único de Alfaguara. Matar a Johnny Fry, de Walter Mosley, Mi nombre es Sei Shonagon, de Jan Blensdorf, El matrimonio amateur, de Anne Tyler, Siete mentiras, de James Lasdun (esta última finalista del Man Booker Prize 2006)... Todos estos estaban allí, con su pegatinita redonda, buenos libros de buenos autores, con (calculo yo) cinco años de vida en España la más longeva de las obras, y me ha parecido descorazonador. Si una editorial como Alfaguara (con una tradición de fondo que año tras año ha ido recortando, sí, pero no saldando) comienza a saldar, ¿qué podemos esperar los libreros de fondo?

Busqué el papel de cocina, los pañuelos de papel (no sé por qué compré un paquete de veinticuatro en lugar uno de doce, como de costumbre; imagino que porque me habían entrado ganas de llorar, el estado natural del librero) y alguna cosa más. Antes de irme volví frente a los libros saldados. Tomo nota mental porque algunos de los expuestos los tengo dentro del fondo de la librería y he de proceder a devolverlos. Yo no los tengo a 5,95 euros, ni los tendré porque traerlos a mi librería a ese precio es contrario a todo lo que defiendo como librero. Sólo cuando un cliente me los pida volverán a pasar por la puerta de mi almacén.

Cuando llegué a casa me di cuenta de que el disgusto me hizo olvidar comprar el pan... 
Publicado por Desconocido @ 2:08  | Editoriales y editores
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