Jueves, 29 de abril de 2010
La muchacha se acercó al mostrador. Tenía unos ojos muy abiertos que no pestañeaban. No sabría decir por qué pero su mirada me hizo pensar que algo tras ella no andaba enteramente cuerdo.
-¿Podría decirme ssssi tiene usssted algo de parapsicología? -me dijo. Arrastraba las eses sin estar bebida.- Porque a vecesss... miramosss tanto... ¡que no vemosss!
Impertérrito la acompañé hasta los libros y allí la dejé, en compañía de Iker Jiménez, J. J. Benítez y demás fauna.
Otro se habría cagado, pero uno es un librero curtido.

Publicado por Bernie_Ohls @ 23:57  | An?cdotas
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Los editores independientes se arriesgan, descubren escritores y los grandes grupos editoriales se los quitan a golpe de talonario. Así funcionan las cosas.
Si todas las editoriales independientes alcanzaran un pacto en el que se comprometieran a no contratar un libro de un escritor que, por irse a una de los grandes grupos, haya abandonado la editorial independiente que le cuidó en sus comienzos, le ayudó a alcanzar notoriedad y todo se lo dio, quizá los escritores dejaran por un momento de mirar los ceros del cheque y se lo pensaran dos veces.
Saben que los grandes grupos no los van a querer si no alcanzan un número elevado de ventas, pero también que, no alcanzadas, siempre podrán volver a la editorial que le encumbró o a otra similar que no le va a decir que no por tenerle en su catálogo y asegurarse las ventas de los lectores que le son fieles.
Si supieran que, una vez contratados por un gran grupo, si no alcanzan sus expectativas les van a dar largas y no van a tener donde ir, tal vez (sólo tal vez) se lo pensaran por un instante.
Pero claro, esto sólo sería posible en el país de las piruletas, donde todo es ideal.
Vaya chorradas me da por escribir a veces...


Mi?rcoles, 28 de abril de 2010

Era un día de verano que hacía mucho calor. El ambiente en la librería estaba tranquilo de trabajo pero animado por gente que paseaba, y gracias al aire acondicionado que nos tenía a todos fresquitos era todo tan idílico que una muchacha le dijo a su pareja.
-Se debe trabajar muy bien aquí. -Yo lo entendí como un "se debe trabajar muy poco aquí".- La verdad es que es un buen sitio. Creo que voy a echar currículum. ¿Qué te parece?
No escuché lo que dijo él y pensé en la imagen general que se tiene de trabajar en una librería. Para la gente, ser librero es estar sentado tranquilamente tras un mostrador, leyendo mientras esperas a quien atender. Creen que ese cliente esperado, educado y siempre amable estará seguro de lo que quiere y te pedirá correctamente el libro que busca, sin cambiar palabras del título o equivocarse de autor, y a ti nunca te faltará, lo tendrás a mano, fácil de buscar y en su sitio, sin posibilidad de que otro cliente lo haya cogido y puesto luego donde le haya parecido. De vez en cuando tendrás que interrumpir tu lectura para colocar libros, tarea que no debe entrañar dificultad ninguna ni ocuparte mucho tiempo. Y pasar el plumero de vez en cuando. Eso es todo lo que hace un librero. Debe ser muy sencillo, pensarán, cualquiera debe poder hacerlo. La cantidad de currículum que recibimos de toda índole lo demuestran.
Y nosotros no hacemos por cambiar esa imagen. Procuramos mostrarnos educados, discretos e incluso elegantes en nuestro servicio, y llevamos adelante un trabajo donde siempre se te van a quedar cosas sin hacer, porque son tantas cosas, tantos detalles (y tantos libros), que aunque trabajaran dos libreros más contigo no se llevarían todos a término.
Sabemos mantener la compostura, y mi compañera Daniella dio muestra de ellos ese mismo día cuando aquella muchacha que buscaba trabajo se le acercó y le dijo:
-Perdona. Me gustaría trabajar aquí, pero una pregunta: ¿es necesario que te guste leer?
Daniela volvió la cabeza, yo la miré, nos volvimos los dos hacia la muchacha y mi compañera le respondió:
-Estrictamente no. Pero ayuda.


Publicado por Bernie_Ohls @ 11:18  | An?cdotas
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Martes, 27 de abril de 2010

El autor-editor que unos meses antes nos había dejado un ejemplar de su libro en depósito se acercó al mostrador de información donde me encontraba.

-No veo mi libro. ¿Se ha vendido? -preguntó, animado, pensando ya en la liquidación del ejemplar y en traernos uno o dos más.

Consulté la base de datos y comprobé que no había venta. Seguía figurando uno en existencias. El autor-editor, desconfiado, repitió:

-Pues yo no lo veo -y esta vez sonó algo irritado, uno no sabe si porque había roto su ilusión o pensaba que pretendía engañarle y no pagarle.

Me encaminé a la sección y él fue delante mía, abriendo paso, dispuesto a demostrarme que no estaba. Él había escrito y editado el libro, ¿cómo no iba a verlo si estaba allí? Pero claro, él no contaba de la miopía de los autores (algún día hablaré de ella).

Mi suerte fue que sabía de qué libro se trataba porque su formato y portada eran demasiado horribles como para olvidarlos. Llegué, eché un vistazo, lo saqué del estante y se lo di, neutro y paciente. Las sesenta y pocas páginas de su edición en rústica sin solapas y con las medidas de los actuales bolsillos apenas tenían presencia entre sus compañeros de estante. El autor cogió el libro, enfadado, me miró y de malas maneras, dijo:

-¡Claro! ¡Es que si lo pones así no se ve! Lo tienes que poner de cara para que se venda.

Puso el ejemplar en el estante pero de cara, apoyado sobre los lomos de los libros que habían estado junto al suyo. Yo cogí el libro de ahí, lo sostuve de canto, se lo acerqué y desde mi altura le miré, ya molesto yo también, para decirle:

-A ver si vamos a tener la culpa de que el lomo de su libro esté en blanco.

Y es que la edición era tan cutre que no tenía texto en el lomo del libro.

El autor volvió a insistir en que su libro debía estar de cara para venderse y yo le dije que vale, que muy bien. Sin decir nada más, me dirigí al mostrador de información, hice un albarán de devolución de depósito y se lo di a firmar. Cuando se lo tendí me miró, algo atónito y no comprendiendo.

-No queremos libros que necesiten estar de cara para venderse -le aclaré- Además -añadí para terminar de calentarle- este libro es muy feo y está muy mal editado.

Firmó y se marchó echando humo. No he vuelto a saber de él. Tampoco me ha pedido nadie su libro.


Publicado por Bernie_Ohls @ 10:40  | Escritores
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S?bado, 24 de abril de 2010

Entre las preguntas que El Ojo Fisgón hizo a algunos de nuestros editores en el día de Sant Jordi, me han parecido interesantes las respuestas que han dado a la del libro que regalarán porque nos muestra qué libros leen y valoran, generalmente  de entre los que publican otras editoriales. A continuación, os listo sus respuestas:

Julián Rodríguez, de Periférica: Atlas Mnemosyne (Aby Warburg, Akal), Diario de Oaxaca (Peter Kuper, Sexto Piso), Conquista de lo inútil (Werner Herzog, Blackie Books) y Sueños (Franz Kafka, errata naturae).

José Pons Bertran, de Melusina: El ruido eterno (Alex Ross, Seix Barral) y Mi Marruecos (Abdelá Taia, Cabaret Voltaire).

Francisco Javier Jiménez, de Fórcola: Bibliotecas llenas de fantasmas (Jacques Bonnet, Anagrama).

Julián Viñuales, de Global Rhythm / Papel de Liar: Psychotic Reactiosm and Carburetor Dung (Lester Bangs).

Miquel Adam, de Labreu: Pobre marinero (Sammy Harkham, Apa-apa cómics), Fut (Jim Dodge, Edicións de 1984, en catalán) y Guía de Mongolia (Svetislav Basara, Minúscula).

Carola Moreno, de Barataria: El ojo del grillo (James Sallis, editorial Poliedro, descatalogado).

James y Marian Womack, de Nevsky Prospects: La hija de Robert Poste (Stella Gibbons, Impedimenta).

Patricia Escalona, de Roca Editorial / Miscelánea: El ladrón de morfina (Mario Cuenca Sandoval, 451 Editores) y An education (Lynn Barber, Penguin, en inglés).

Ana S. Pareja y Enric Cucurella, de Alpha Decay: Visiones de Asia (Vasili Golovánov, Minúscula) y Perú (Gordon Lish, Periférica).

María Moreno, de Veintisieteletras: Conversaciones con Giulio Einaudi (Severino Cesari, Trama Editorial) y ABCdario (Antonio Ventura y Noemí Villamuza, Nórdica Libros).

Claudio López de Lamadrid, de Mondadori: Stitches (David Small, Reservoir Books) y Alicia en Sunderland (Bryan Talbot, Reservoir Books).

Carmen Mayoral, de Puerto Norte-sur: La ola (Suzy Lee, editorial Barbara Fiore).

Valeria Bergalli, de Minúscula: Relatos autobiográficos (Thomas Bernhard, Anagrama).

Manuel Ortuño, de Trama Editorial: Maneras de no hacer nada (María Vela Zanetti, Trama Editorial).

Ángels Balaguer, de Duomo Ediciones: Fin (David Monteagudo, El Acantilado), El discurso vacío (Mario Levrero, Caballo de Troya) y La vida en sordina (David Lodge, Anagrama).

Diego Moreno, de Nórdica Libros: No hay bestia tan feroz (Edward Bunker, Sajalín), Campo cerrado (Max Aub, Capitan Swing) y La boca llena de tierra (Branimir Scepanovic, Sexto Piso).

Iria Rebolo, de Ático de los Libros: La krakatita (Karel Capek, El Olivo Azul).

Luis Solano, de Libros del Asteroide: Los pichiciegos (Fogwill, Periférica), La hija de Robert Poste (Stella Gibbons, Impedimenta), El poder del perro (Don Wislow, Mondadori) y La playa de los ahogados (Domingo Villar, Siruela).

Santiago Tobón, de Sexto Piso: Cuentos completos (Fogwill, Alfaguara).

Elena Medel, del Olivo Azul: Excepto yo (Fatena al-Gurra, el Gaviero) y Diarios (Joe Orton, Cabaret Voltaire).

Inga Pellisa y Gonzalo Canedo, de Libros del Silencio: Historia de mi vida (Giacomo Casanova, Atalanta), De viva voz (Ramón Gaya, Pre-Textos) y La pesca de la trucha en América (Richard Brautigan, Blackie Books).


Publicado por Bernie_Ohls @ 13:28  | Libros
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Viernes, 23 de abril de 2010

El librero de la Casa del Libro venía embutido en cuero, con el casco de la moto colgando del brazo. El de El Corte Inglés en su línea, una fachada inmaculada: trajeadito, afeitadito y desprendiendo buenos olores (¿se han fijado en que no hay dependientes de El Corte Inglés con barba o pendientes?). Los de una cadena de librerías eran dos que parecían uña y carne, no sé si marido y mujer. Y los libreros independientes éramos otros dos, cada uno de nuestro padre y nuestra madre.
Una editora nos había invitado a almorzar. Quería presentarnos a ese autor suyo que había venido desde Alemania para la promoción del que iba a ser su tercer libro en la editorial y cuya salida era inminente. Cuando supe que iba a conocerle me preocupé de coger su segundo libro y leérmelo. Dos días antes de la cita, cuando estaba terminándolo, llegaron a la librería las galeradas del nuevo: me las llevé para leerlas en el trayecto en tren.
Llegamos allí y fuimos presentados. El autor venía con un constipado demoledor y le costaba hablar, pero se esforzó por ser amable, cercano y conversar. Pronto se hizo patente a qué había ido cada cual. Los de la cadena de librerías y yo éramos los únicos que nos habíamos leído el libro y dimos conversación al escritor, intentando hacerle sentir cómodo mientras que el de la Casa del Libro y el Corte Inglés no mostraron demasiado interés. Vinieron a comer gratis y estuvieron gran parte del almuerzo y toda la sobremesa hablando de la ventas, de lo presionados que estaban,, etc. Si en El Corte Inglés pusiéramos unas escaleras mecánicas como las del FNAC, que te hacen pasearte por la planta para llegar al siguiente tramo, al día siguiente tendría que quitarlas por las quejas que ocasionarían de nuestros clientes, lloraba el trajeadito, envidioso de la suerte del FNAC, mientras que el rudo motero asentía y le miraba aparentemente comprensivo cuando en su fuero interno parecía estar pensando jódete: si tú no eres librero y ni eres nada. Por hablar, hablaron hasta de si Random se equivocaba adquiriendo los derechos de Katherine Neville. Pero del autor, con el autor y de su obra, prácticamente nada.
El otro librero independiente, por su parte, pienso que fue el más astuto. Se dejó llevar entre dos aguas y tomaba nota de cuanto veía y escuchaba, siempre alerta. Luego me llevaría en coche a la estación de tren y charlamos. Me pareció simpático, amable y gracioso, pero también inteligente. Fui comedido en mi conversación porque tuve la sensación de que me estudiaba y que cualquier confidencia que le hiciera en el ambiente de camaradería de su coche no tardaría en salir volando por las ventanas a los cuatro vientos.
Nos regalaron ejemplares del nuevo libro y el autor nos los dedicó. Creo que a todos les escribiría una dedicatoria genérica, salvo a los que le realmente le atendimos, los libreros de la cadena de librerías y yo. A mí me puso:
"With warmest regards and thanks for a most interesting discussion".
Ese día que tuve la suerte de conocer a un autor que me pareció humilde (cosa rara en ese gremio) y con cuyos libros he disfrutado, yo también observé, escuché y tome nota. Nota mental en este caso. Bernie, me dije en un momento de la sobremesa en el que miraba hacia Macho Aprilia y Lord Wilkinson, pase lo que pase, por más agobiado que estés por las ventas, nunca, nunca, nunca acabes como ellos.


Publicado por Bernie_Ohls @ 12:39  | Librer?as y libreros
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A los mayores que vienen a la librería no suele gustarles que les hagan esperar. Imagino que pensarán haber esperado suficiente en esta vida. Procuramos atenderles cuanto antes, pero luego no tienen prisa porque dejes de hacerlo. Tal vez sea porque en sus vidas están faltos de atención.
Algunos vienen casi todos los días. La visita a la librería forma parte de su rutina. Vagan por ella y nunca compran. Ni siquiera cogen los libros de los estantes para mirar en su interior. Se limitan a ver las portadas de los libros expuestos de cara como aquellos que se ponen a contemplar a los obreros en su trabajo.
Hay quien se entretiene dándole la vuelta a determinados libros de la mesa de novedad para que no se vean sus portadas mientras que otros tienen muy claro que lo que quiere son esos mismos libros: el último de Pío Moa, el último de César Vidal, el último de Jiménez Losantos... Estos "seguros de lo que quieren" te miran con incredulidad y se enfadan cuando no los tienes: eres culpable de que tengan que desplazarse hasta otro sitio para comprarlo. A veces te preguntan si estás seguro de que no hay ejemplares, como si fueras tonto o, por alguna cuestión personal, no quisieras venderle el libro. En alguna ocasión, te montan una escena porque piensan que conspiras para silenciar a la derecha. Estos son los que acostumbran a recordarte que se merecen un respeto pero creen que su edad les da derecho faltártelo si les parece.
Están aquellos a los que has visto envejecer, como ese simpático, humilde y poco conocido poeta que ha ido perdiendo la vista hasta quedarse casi ciego y te pregunta si sigues teniendo ese libro suyo publicado en Siglo XXI. Y también aquellos que dejaron de visitarte, como ese otro poeta al que le costaba andar, más célebre y menos humilde, que venía ayudado por su mujer y dejó de hacerlo cuando, contra todo pronóstico, ella falleció antes que él.
Algunos vienen preguntando por un libro que han escuchado en la radio. Han tomado mal la nota y confunden una de las palabras del título por un sinónimo. Sabes de qué libro se trata porque ya te han preguntado tres veces antes ese mismo día. Se lo enseñas, pero como el título no coincide con el que tiene anotado desconfía de ti. Piensa que quieres engañarle, que quieres venderle un libro parecido, y se va sin comprarlo.
Las más entrañables son las abuelas que te preguntan por los libros de Celia, o las obras de Enyd Blyton, o cualquiera de aquellos libros que tanto les gustaron de jóvenes y ahora quieren regalar a esas nietas suyas enganchadas a los vampiros mormones o la Venecia de Moccia. Ellas sí que son pacientes y andan lo que tengan que andar sin refunfuñar para encontrar el libro que quieren. En ocasiones son víctimas de sus nietos, que les dan el título de un libro anotado que, afirman, les han mandado en el colegio. La lees y te huele a chamusquina. Se lo das pero se lo dices: la verdad es que me extraña que les hayan mandado Cementerio de animales, de Stephen King. Sin embargo, lo compran igual: no son tan tontas, es solo que se dejan engañar para que su nieto lea lo que quiera.
Espero que sigan viniendo por mucho tiempo a pesar de que no haya tantos libros que compaginen precios asequibles a sus pensiones y letra lo suficientemente legible para una vista agotada después de tantos años leyendo


Publicado por Bernie_Ohls @ 2:29  | Lectores
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Mi?rcoles, 21 de abril de 2010

Era la Feria del Libro y se trataba de un autor local que publicaba en una editorial independiente con distribución nacional. Le habían editado antes pero no había alcanzado cierto éxito hasta que publicó su segundo libro en esta nueva editorial, título que tuvo muy buena acogida en nuestra localidad.
Por la tarde firmaba en nuestra caseta pero al pasarse esa misma mañana por nuestra librería y no ver un escaparate dedicado exclusivamente a su augusta persona, llamó a su editora para decirle que no iba a firmar.
Mientras la responsable de prensa de la editorial, apurada, hablaba con él, me llamaron desde la librería para asegurarse de que los libros estaban bien colocados y todo dispuestos para la firma de la tarde porque el autor iba camino de nuestra caseta. Sus libros estaban expuestos, por supuesto, pero todo estaba lejos de estar dispuesto para la firma: cada día teníamos una y aún no había terminado de recoger la de la tarde anterior ni colocado los carteles de la nueva.
Yo le habría mandado a la mierda, pero como entonces no mandaba me puse a prepararlo todo contrarreloj . A duras penas me dio tiempo para tenerlo listo. Cuando llegó, su ego quedó saciado y por la tarde estuvo sonriente toda la firma, vendiendo muchos libros de ese título que aún soy se sigue vendiendo. Yo también sonreía, aunque cínicamente, y no me costó prometerle que me leería su anterior título, el más mundano que se vendía arrastrado por el éxito del otro, ya que me había llamado la atención cuando salió. Al fin y al cabo, un libro no tiene la culpa de que su autor sea como es.
Creo recordar que todo esto fue en el 2005. Tuvo graves problemas de salud y acabó peleado con la editorial que le hizo alcanzar su mayor éxito hasta la fecha. Hace años que no le veo y, que yo sepa, no ha escrito nada nuevo desde el 2007. Nada nuevo en formato libro, me refiero, porque su página web sí que está muy activo: en él pide que no se compren sus libros y va colgando los capítulos de sus obras.
A día de hoy aún no he cumplido mi promesa. Me considero celoso de mi palabra pero no tengo prisa. Tal vez la lea cuando esté completamente publicada en su blog. Creo que podré esperar. Mientras tanto seguiré vendiendo sus libros, particularmente ese título suyo que aún me siguen pidiendo y que, intuyo, por las circunstancias que sean ya no le reporta ningún beneficio.


Publicado por Bernie_Ohls @ 9:58  | Escritores
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La pregunta más temida por un librero es aquella de la que, por más profesional que se sea en el trabajo, nunca se puede estar seguro de la respuesta
¿Cuál es el último libro de César Vidal?
Aunque el autor fue condenado por Rafael Reig, debió de apelar porque no es que haya bajado mucho el ritmo.
El 25 de mayo sale a la venta La ciudad del azahar. En Martínez Roca. 832 páginas. Ese será su próximo libro. O no. Aún falta un mes y eso es mucho margen.
No tendrán dificultades para encontrarlo pues no faltará en las grandes superficies, bien expuesto en grandes pilas. Podrán adquirirlo junto con el arroz y el pan nuestro de cada día.
Y yo me pregunto: cuando fallezca, ¿le quedarán inéditos?
«César Vidal es un Asimov. Un Asimov hispano e histórico» . El Mundo
Vaya toalla...


Publicado por Bernie_Ohls @ 0:08  | Escritores
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Martes, 20 de abril de 2010

Acompañada por un ejemplar de su último libro (Mal trago, de Tennessee Williams, una serie de relatos hasta ahora inéditos en España), hoy hemos recibido una carta en la que Irene Antón, editora de errata naturae, nos agradece nuestro apoyo como librería.

El sobre en la que venía es negro, como lo es también el reverso de la hoja. En el blanco del anverso, el texto viene acompañado por el logo de la editorial (encabezando el folio) y el nombre de la misma (al final del mismo). Todo en ella destila sencillez, sobriedad y elegancia, pero lo que más me ha gustado es que la carta viene manuscrita. Nada de Times New Roman, Arial o Tahoma: está escrita de puño y letra.

Es la segunda carta (y libro) que recibo de ella. La primera hará poco menos de dos semanas que me llegó y me presentaba su Sueños, de Franz Kafka. También vino en sobre y folio con reverso negros, solo que entonces la letra en el anverso era impresa. Sin embargo, a diferencia de las misivas de otras editoriales, que acostumbran a iniciarse con un socorrido estimado librero, la de errata naturae venía dirigida a mi nombre.

Esos pequeños detalles marcan una diferencia y hablan de una forma personal y cuidadosa de hacer las cosas. Si un editor mima hasta esos puntos los pequeñas gestos, qué no hará a la hora de escoger títulos para su catálogo, revisar una traducción o cuidar la edición de sus libros.

Cuando era joven me encantaba escribir cartas, pero no más que recibirlas. Las mías eran manuscritas porque entendía que así eran más personales. Disfrutaba cuando las respuestas también eran de puño y letra, a pesar de que la caligrafía de según quien a veces resultara difícil de descifrar. Por eso agradezco a Irene Antón que en un tiempo en el que las cartas están en peligro de extinción me haya permitido leer su letra, porque no recuerdo la última vez que recibí una carta manuscrita. Y, por supuesto, también le deseo a errata naturae toda la suerte del mundo en su proyecto editorial.

La necesitará porque el trabajo duro y el buen hacer de una editorial no garantizan la supervivencia dentro del mundo del libro en España. Por desgracia.


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Viernes, 16 de abril de 2010

El aut?ntico cementerio de los libros olvidados no es aquel del que habla Carlos Ruiz Zaf?n en La sombra del viento. Los verdaderos libros olvidados son aquellos por las que nos preguntan nuestros clientes sin tener muy claro el nombre de la obra.
He aqu? el aut?ntico cementerio de los libros olvidados. Animo a otros libreros y bibliotecarios a que me manden los suyos para que puedan descansar en paz con los nuestros:

El vigilante del trigo (J. D. Salinger)
El cuerpo verdad (Alice Miller)
El ocho de Noah Gordon
La ?ltima cena (Javier Sierra)
El pentateuco de Jacob (?ngel Wagenstein)

La inteligencia del cangrejo

El desarme


Publicado por Bernie_Ohls @ 23:06  | An?cdotas
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Jueves, 15 de abril de 2010
En Paradigma Libros presentan la Nueva Junta Directiva de CEGAL (Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros) junto con  algunas reflexiones que recomiendo se lean.

Me gusta la creación del Comité de Experiencia. Espero que no acabe quedando como un título nominativo sin atribuciones.

Publicado por Bernie_Ohls @ 13:29  | Librer?as y libreros
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También hay ratos muertos, y los aprovecho contemplando cómo algunos vendedores colocan en el escaparate torres de libros de una novela que sale hoy a la venta pese a que una llamativa franja afirma que ya alcanza la quinta edición y los cien mil ejemplares vendidos, u hojeando esa otra que luce una pegatina redonda y roja en la portada que asevera que es el "libro del año" cuando, en realidad, ese premio se lo han otorgado los lectores de una biblioteca de Laponia. No tardarán en explicarme que son tácticas modernas de marketing y que algunas editoriales utilizan esos reclamos para toda obra que lanzan al mercado.
Luego llegan otros libreros deseosos de saludarme y, por qué no decirlo, entretenerme, sabedores por propia experiencia de que los escritores pertenecen a un tipo particular de neuróticos que muy pronto se agobian si creen que ellos o sus libros son injustamente ninguneados. Es por esto que me entero, pues algunos son viejos conocidos y no hay nada más sabroso para ponerse al día que disertar sobre las vidas de los demás, de qué tipo de persona se ha convertido mi antiguo amigo el librero, ahora un jefe tirano y déspota que disfruta oprimiendo a sus subordinados, que almacena media docena de denuncias por acoso laboral, que se ha ido cargando poco a poco a todos aquellos compañeros que comenzaron en la empresa a la vez que él, los camaradas a los que incitaba a la rebelión, a los que les aseguraba que la Revolución y la dignidad eran lo primero, a los que les juró tantas y tantas veces que la lealtad era su enseña y no aceptaría jamás vender a nadie por dinero. A ésos precisamente, a los que le conocían de antaño, a los que le hacían sombra y amenazaban con superarlo en el escalafón, fue a los primeros a los que se quitó de en medio apartándolos sin contemplaciones, no fuera que un día revelasen su oscuro pasado a los mandamases. Así, clavando puñales por la espalda, conspirando, conjurando, utilizando como escalera los espinazos encorvados por el trabajo de los demás para trepar más alto, pudo llegar a ser quien es y no tardó en imponer sus propias leyes para convertirse en uno de los más aclamados representantes de la psicopatía empresarial, alguien tan frío, tan calculador, tan impersonal que el propio jefe de recursos humanos lo proponía como ejemplo de gestión eficiente ante los demás.

Fragmento de Mantis (Mercedes Castro, Alfaguara, Páginas 182-183)

¿Es a esto a lo que aspiramos? ¿A renunciar a nuestros ideales y dejar que nos compren para poder sobrevivir?

Publicado por Bernie_Ohls @ 0:06  | Pasajes de libros
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Mi?rcoles, 14 de abril de 2010

El comercial de Grupo Santillana (Andrés) me ha dicho hoy que su jefe le ha dado un tirón de orejas porque no ha visto El asedio (el último libro de Arturo Pérez-Reverte y número uno en ventas) lo suficientemente expuesto. Una hilera vertical en una estantería de novedades con seis baldas y en la entrada de la librería parece ser que no es bastante.

-El libro número uno en ventas, del que habéis estado vendiendo en torno a cincuenta ejemplares a la semana, se merece más exposición -me ha dicho.

-Pero si el único libro más expuesto que el tuyo es Dime quién soy
(el último de Julia Navarro) porque lo tenemos con su expositor, y si no tenemos El asedio en el suyo es porque era una mierda que no aguantó una semana el peso de los libros -le he dicho yo.

Tras reconocer que han perdido espacio en el ochenta por ciento de las librerías porque los expositores eran muy malos y no han
aguantado, me ha insistido en que el libro más vendido debería estar más expuesto, cuando precisamente lo más vendido es (en mi opinión) lo que menos sentido tiene exponer porque, al fin y al cabo, van a venir preguntándote por él.

-Además -añadí- por esa misma regla de tres no debería exponerse el que apenas se vende y el último de Lucía Etxebarría (Lo verdadero es un momento de lo falso) no estaría ahí, en otra hilera completa junto al de Pérez-Reverte, porque no se vende ni a la de tres a pesar a ser una de vuestras apuestas.

Mis razones no le convencieron y siguió insistiendo (el tirón de orejas debió de ser importante) pero como yo decido, es lo que hay. Luego pasé yo al ataque mencionándole los libros de Alfaguara saldados: el me dio sus razones que no me convencieron pero como ellos deciden, es lo que hay.

Cada uno hace las cosas desde su perspectiva, como le parece y mejor sabe. Y es lo que hay.


Publicado por Bernie_Ohls @ 2:26  | Distribuidores
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Martes, 13 de abril de 2010
Prometí hablar de los objetivos de los distribuidores.

El año que vendíamos demasiado de una editorial, el comercial nos llegó a finales de octubre para que le devolviéramos ejemplares.

Habíamos hecho demasiado bien nuestro trabajo y no le interesaba que le vendiéramos demasiados más. ¿Por qué? ¿Cómo es posible que un comercial, cuyo objetivo es venderte los libros de su editorial, te pida que le devuelvas ejemplares para vender menos? Es algo contradictorio pero tiene su porqué.

A los comerciales lo que les preocupa es cumplir con los objetivos que les imponen (su futuro laboral suele depender de ello) y por eso a veces se ponen tan pesados y nerviosos presentándote libros y ofertándote campañas, porque suelen estar presionados y pueden ir retrasados en lo que se les exige (en ocasiones cosas imposibles). Una vez cumplidos, se relajan (aunque nunca pueden estar seguros del todo existiendo las devoluciones por nuestra parte) y cabría pensar que, llegados a este punto con algo de margen, todo lo que se vendiera de más sería positivo para ellos de cara a la editorial a la que representan. Y así es.

Lo que ocurre es que los objetivos de un año quedan determinados por los del año previo y todo lo más que se venda en un año se lo van a exigir al año siguiente (y siempre algo más). Así que lo más cómodo y rentable para un comercial es vender suficiente pero no demasiado, pues de esta forma al año siguiente estará menos presionado y tendrá unos objetivos menos imposibles.

Así funcionan las cosas. Crudo, ¿no?

Publicado por Bernie_Ohls @ 1:15  | Distribuidores
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Domingo, 11 de abril de 2010

Después de leerme Jérôme Lundon, mi editor (publicado por Trama Editorial en su colección Tipos Móviles), libro escrito por Jean Echenoz a la muerte del que fue su primer y único editor), el respeto con el que el autor francés escribe me hace preguntarme cuántos escritores españoles son fieles a su editor original y cuántos editores se cuidan de no publicar el manuscrito de un autor de cierto éxito y renombre sin cuestionarse la calidad del texto.

¿A cuántos conocen? Publicándose todo lo que se publica en España no son demasiados, ¿verdad?


S?bado, 10 de abril de 2010

"Gore, reconócelo. La novela es como la Gran Prostituta en nuestra vida. Creemos que nos hemos librado de ella, pasamos a otras mujeres, nos tomamos el pulso y decidimos que por fin estamos disfrutando de nosotros mismos, y después damos vuelta en una esquina, y ahí está la Prostituta sonriéndonos, y estamos atrapados. Sabemos que la Prostituta todavía nos tiene agarrados."
Vidal dejó escapar esa sonrisa torcida de admiración que se arranca de él cuando algún otro ha acuñado una imagen que podría encajar en su estilo. "Es cierto -dijo-, la novela es la Gran Prostituta."

Todo novelista que se haya acostado con la Prostituta (sólo los poetas y los cuentistas tienen una musa) vuelven después jactándose como un soldado en campaña que sale de una parranda en un prostíbulo: "Viejo, la hice gemir", dice el grito del escritor joven. Pero la prostituta se ríe después en su cama vacía. "Él fue tan dulce al principio -declara- pero al final sólo hacía
pip, pip, pip."
Un hombre pone su carácter en juego cuando escribe una novela. Todo lo que en él es perezoso, o meretricio, o poco madurado, complaciente, temeroso, ambicioso en exceso, o aterrado por la lógica final de su exploración puede quedar revelado en su libro. Algunos escritores tienen la habilidad de ocultar sus debilidades; algunos tienen cierto genio para convertir una debilidad en un manierismo de estilo aceptable. No obstante, ningún novelista puede escapar del todo de su propio carácter. Tal vez sea esa la peor noticia que un escritor puede oír.

Fragmento de Un arte espectral. Reflexiones sobre la escritura (Norman Mailer, editorial Emecé, páginas 72-73).

Amén


Publicado por Bernie_Ohls @ 1:50  | Pasajes de libros
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Viernes, 09 de abril de 2010
Ayer por la tarde se acercó a mi mostrador una señora indignada con dos  Guías Visuales El País Aguilar en apariencia iguales pero con distinto precio y diferente dibujo de portada.

-¿Qué diferencia hay entre estas dos guías? -me dice mientras las suelta sobre el mostrador, adelantando un poco la que tenía una preciosa ilustración celeste muy marítima.- ¿Es que esta tiene más mar?

No sé qué quiso decirme con que "tiene más mar" pero era evidente que estaba irritada por algo. Tal vez por no comprender cómo la misma guía podía tener dos portadas distintas. O puede ser que le molestara que la de la portada más chula costara sesenta céntimos más y no quisiera pagarlos. O sencillamente venía enfadada y lo pagaba conmigo. No importa. ¿Qué más da?

Yo examimé las dos portadas, puse cara de póquer (está  mal que yo lo diga pero soy bueno poniendo cara de póquer). la miré a los ojos y, muy serio y lacónico, contesté:

-Una es de Austria. La otra, de Australia.

Publicado por Bernie_Ohls @ 2:14  | An?cdotas
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Jueves, 08 de abril de 2010

Todos los miércoles acostumbro a recibir la visita de Andrés  y Jorge, comerciales de Alfaguara y Anagrama respectivamente. Suelen llegar sobre la misma hora y son bastante amigos el uno del otro, entre otras cosas porque consiguieron sus puestos actuales casi a la par después de trabajar algunos años en proveedores mucho más pequeños. Ambos me caen bastante bien, todo lo bien que te puede caer un comercial sin que te despierte un sentimiento (de amistad, camaradería, confianza, etc.): nunca deben sentirse sentimientos por un proveedor.

Hoy Andrés no ha venido. Tenía interés en verle para comentarle lo de los libros de saldo de Alfaguara en el Carrefour (ver la entrada anterior) pero me he quedado con las ganas. Con las ganas de decírselo, me refiero, porque de soltarlo me he preocupado de soltárselo a Jorge (ya sabéis lo que nos gusta llorar a los libreros).

Cuando ya se iba le he dicho:

-Jorge. Que mazazo me ha supuesto entrar en el Carrefour y encontrarme de cara libros de Alfaguara saldados.

-Alfaguara saldando. Qué bajo han caído -me ha dicho él, en tono jocoso y frotándose las manos, imagino que pensando en las puyas que le va a dedicar a su compañero de profesión cuando coincidan o almuercen juntos.

El caso es que algo en mi interior ha saltado cuando me ha dicho eso, una voz que me decía haber vivido una situación similar con Jorge y, unos quince o veinte minutos después de haberse marchado el comercial, he recordado qué era (hasta el día de hoy he tenido buena memoria, por suerte, algo muy necesario en nuestra profesión): he recordado ese día de principios del año pasado en el que le pregunté por el coleccionable para quiosco de Anagrama, esa manera tan particular que tuvo Herralde de celebrar el 40 aniversario de su editorial. No es lo mismo que lo de Alfaguara pero, de alguna forma, a mí me desmotivó igual.

Jorge estaba recién llegado de una de esas convenciones donde reúnen a todos los comerciales de la casa, les aseguran que lo suyo es lo mejor y les dicen los objetivos que tienen que alcanzar para que sus jefes estén contentos y no los despidan (algún día hablaré del tema de los objetivos comerciales, lo prometo; tengo una buena historia que contar al respecto). Ya habían salido los primeros ejemplares del coleccionable, si no me equivoco, y le pregunté al respecto:

-Jorge. Anagrama en los quioscos... No me parece mal pero después de cuarenta años, ¿no te parece que Herralde se ha cargado la imagen de marca? ¿Tan mal le van las cosas que ha recurrido a esto?

-Calla, calla -me respondió,- que en la convención nos tenían dicho que ni mentáramos el tema a Herralde. No quería saber nada al respecto.

¿Acaso el coleccionable no había tenido la acogida esperada? ¿Puede ser que Herralde hubiese tomado la decisión a disgusto forzado por la necesidad económica? ¿Estaba arrepentido de la decisión? Nunca lo sabremos, porque siendo Herralde el Dios de Enlaces Editoriales prevaleció la ley del silencio.

Aunque los números son los que en el mundo actual mandan y puedan demostrar lo acertado de la decisión, pienso que la razón de Anagrama para sacar el coleccionable de quiosco fue para vender más (forzados por la necesidad o simplemente por querer ganar más) vulgarizando una imagen de marca prestigiosa que siempre ha encontrado su lugar y apoyo en las librerías. Digan lo que me digan, no me van a convencer de otra cosa (nada de acercar la colección a precios más asequibles o a otro tipo de público lector). Y, como he dicho anteriormente, no me parece mal, pero luego que no me vengan con que los libreros sólo pensamos en vender.

Porque parece que los editores independientes hacen una labor cultural y no están preocupados de las ventas, mientras que los libreros independientes sólo queremos vender y no nos preocupamos por la labor cultural. Ese es el soniquete establecido, pero no es así, ni lo uno ni lo otro.

Y, en mi opinión, Dios se equivocó.


Publicado por Bernie_Ohls @ 10:14  | Distribuidores
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Mi?rcoles, 07 de abril de 2010
Esta mañana entré en el Carrefour próximo a mi casa a comprar pan, papel de cocina y pañuelos de papel, y lo primero que me encuentro es un estante lleno de libros puestos de cara y con una pegatina redonda (bien roja y grande) que dice oferta 5,95€. Los primeros que veo son de Suma de Letras y no me sorprende porque desde el principio saldaron y no dejan de tener un perfil más comercial (aunque me da coraje ver a ese nuevo precio la edición de El traje del muerto de Joe Hill que venía con un cedé de música y costó en su momento veinticinco euros). Pero me quedo bloqueado cuando reconozco La tierra pura, de Alan Spence: ese no es de Suma de Letras, es de Alfaguara y, como el comercial de Alfaguara me lo regaló cuando iba a salir a la venta, sé que no hace tanto tiempo desde que saliera como novedad (según la página de la editorial, donde aún aparece registrado a su precio, poco más de tres años).

No era el único de Alfaguara. Matar a Johnny Fry, de Walter Mosley, Mi nombre es Sei Shonagon, de Jan Blensdorf, El matrimonio amateur, de Anne Tyler, Siete mentiras, de James Lasdun (esta última finalista del Man Booker Prize 2006)... Todos estos estaban allí, con su pegatinita redonda, buenos libros de buenos autores, con (calculo yo) cinco años de vida en España la más longeva de las obras, y me ha parecido descorazonador. Si una editorial como Alfaguara (con una tradición de fondo que año tras año ha ido recortando, sí, pero no saldando) comienza a saldar, ¿qué podemos esperar los libreros de fondo?

Busqué el papel de cocina, los pañuelos de papel (no sé por qué compré un paquete de veinticuatro en lugar uno de doce, como de costumbre; imagino que porque me habían entrado ganas de llorar, el estado natural del librero) y alguna cosa más. Antes de irme volví frente a los libros saldados. Tomo nota mental porque algunos de los expuestos los tengo dentro del fondo de la librería y he de proceder a devolverlos. Yo no los tengo a 5,95 euros, ni los tendré porque traerlos a mi librería a ese precio es contrario a todo lo que defiendo como librero. Sólo cuando un cliente me los pida volverán a pasar por la puerta de mi almacén.

Cuando llegué a casa me di cuenta de que el disgusto me hizo olvidar comprar el pan... 

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Martes, 06 de abril de 2010

No he visto rayos C brillar más allá de la puerta de Tanhauser, pero sí a escritores que se asocian en entidades que organizan presentaciones en las que se compran los libros los unos a los otros, en una especie de orgía onanística tan absurda como las películas de Manuel Summers donde todo el mundo es bueno o mejor cuando lo único que cada uno de ellos tiene en mente es el 10% sobre el precio del libro que el otro le acaba de dar.


Publicado por Bernie_Ohls @ 1:50  | Escritores
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S?bado, 03 de abril de 2010

Quiero que lean el siguiente texto, que proviene del blog Nunca te hagas librero y fue escrito hace casi dos años:

domingo 20 de abril de 2008

Feria del libro... Qué aburrimiento

Pese a que los tiempos cambian, nosotros, los libreros cambiamos poco. ¿Por qué seguimos acudiendo, cuando esto ocurre, claro, pues no todos acuden, a unas ferias romas, sin atractivo para los lectores, aburridas... Caseta tras caseta el lanzamiento editorial de turno, con toda su artillería de marketing cargada y ningún espacio de sorpresa para los lectores. Me pregunto por qué siguen desfilando los lectores por las ferias del libro. Si alguien quiere hacer una reflexión en voz alta, le agradecería el comentario. Tiene que ser posible otra idea de feria, por ejemplo, temática, cargada de sugestiones, con actividades que nadie se quiera perder. ¿Sería posible? Yo creo que sí. Firmemente.

http://nuncatehagaslibrero.blogspot.com/2008/04/feria-del-libro-qu-aburrimiento.html

Son palabras de una librera en Librería Nos (La Coruña) pero estoy convencido de que cualquier otro librero que acostumbre a asistir a la Feria del Libro de su localidad podría haberlas escrito igual. Quiero decir que no es algo exclusivo de la Feria del Libro de La Coruña. Y, pregunto yo, ¿tenemos los libreros la culpa? No lo sé pero desde hace algunos años nosotros intentamos poner de nuestra parte.

Antes de ser librero iba a la Feria del Libro y me aburría sobremanera porque me parecían todas las casetas iguales, con los mismos libros expuestos en todas las casetas. Cuando fui por primera vez como librero decidí hacer algo distinto y se me ocurrió hacer una caseta temática. No sabía si iba a funcionar pero, de cualquier forma, nos constaba que los beneficios que se acostumbran a obtener en las casetas no eran demasiados, así que no había mucho que perder. Al menos conseguiríamos que una de las casetas fuera diferente. Así lo hemos hecho algunos años, con suerte desigual, y esperamos volver a hacerlo este año.

¿Qué conseguimos con esto? Los lectores no interesados en el tema pasarán de largo rápidamente, no se entretendrán con nosotros (pero vamos, tampoco lo harán con muchas otras de las casetas generales). Los interesados en el tema se pararán y encontrarán más variedad de lo que buscan que en cualquier otra caseta. Conoces a lectores de la temática o género literario expuesto y aprendes de conversaciones con algunos que saben del tema más que tú. Determinados títulos y editoriales tienen una oportunidad que de otra forma no tendrían...

Finalmente uno se entretiene más antes (elaborando el pedido y montando la caseta) pero se acaba aburriendo igual en la caseta (aunque siempre te queda la satisfacción de decirle a ese autor-editor pesado e impertinente que exige una razón por la que no tienes su libro de decirle que no lo has traído porque no entra dentro de la temática seleccionada).

No sabemos si marcamos alguna diferencia. Queremos creer que sí. De lo que estamos seguros es de que no dejamos indiferentes con nuestra ausencia. El único año que decidimos no ir, el excelentísimo señor blbliotecario encargado del discurso de apertura se preocupó de lanzarnos una indirecta insinuando que no asistíamos porque sólo nos interesa vender. Palabras de un venerable profesional del libro adalid de la cultura que accedió a su plaza después de una oposición que la aprueban, se tenga vocación o no, quienes más estudian cuando no hay enchufe (las menos de las veces), que tiene su sueldo y trabajo asegurado haga lo que haga, que no sabe lo que es tener que estar mirando a final de mes si te llega para pagar la nómina de todos tus empleados (que dependen de lo que vendas, ¿cómo no vas a querer vender? ¿Y quién no?) y que, en vez de adquirir sus libros en librerías de su ciudad, los pide a Madrid o Barcelona capital porque, vete a saber por qué, le sale más rentable.

Nosotros también  pensamos que otra Feria del Libro es posible. Firmenmente. Pero no se suele contar mucho con la opinión de los libreros, y menos con los que queremos un cambio (que somos los menos y normalmente los malos): nosotros sólo pensamos en vender.


Publicado por Bernie_Ohls @ 12:48  | Librer?as y libreros
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Viernes, 02 de abril de 2010

En la página Anatomía de la edición (recomendada a todos los interesados en el mundo de la edición) han elaborado un Mapa de la edición española 2010 a la manera de un plano de metro. Una idea muy original que puede orientar a los no entendidos dentro del mundo editorial.


Jueves, 01 de abril de 2010

La Semana de la Edición y el Libro Independiente (SELIN) se celebra este año en Antequera del 12 al 18 de abril y cuando he accedido en su página al apartado de editoriales no he podido evitar echar en falta a algunas: Anagrama, Siruela, El Acantilado, Tusquets...

A uno le da por pensar. Vale que no puedan estar todos pero, ¿no parece que las ausentes sean precisamente las que llevan más tiempo, las ya consagradas? Fue mi primera impresión. Después repasé las editoriales con más detenimiento y me percaté de que no había editoriales distribuidas por Enlaces editoriales (Península, El Aleph, Miraguano...) ni por Les Punxes (Atalanta, Gadir... esta ultima, a mi juicio, ausencia notoria habiendo ganado el último Premio a la Mejor Labor Editorial Cultural) y pienso, ¿tendrá esto que ver? ¿Dependerá del distribuidor que tengan el que una editorial asista o no a la SELIN?

Quiero creer que no, que las editoriales que no asisten es porque ya tienen una imagen de marca y un prestigio asegurados. No necesitan de esta promoción porque no tienen que pelear tanto que les hagan salir reseñados en radio o prensa como sus hijos y nietos editoriales, la estupenda labor de algunos de los cuales (Salto de Página, El Olivo Azul...) en ocasiones pasa desapercibida para los medios, los libreros y los lectores por la saturación de títulos publicados cada mes.

Me gusta ver a estas editoriales como esos héroes anónimos que, con lo justo para sobrevivir, se patean las calles en noches lluviosas al rescate de esa obra que ha sido maltratada por el tiempo como a una puta y a la que reconduce para devolverle su esplendor. O al auxilio de ese escritor incomprendido que mendiga atención y una oportunidad al que le tiende esa mano sobre la que le escupirá cuando, una vez se haya hecho un nombre, le llegue la oportunidad de firmar con Planeta.

Con ganas de hacer cosas nuevas y dar su opinión pero sin apenas sitio donde hacerlo y con pocos escuchando porque el "sistema" tan sólo sabe ponerles trabas. ¿Y sin el apoyo de las que una vez fueron como ellas?