S?bado, 29 de mayo de 2010
Dos adolescentes, chico y chica:
-"El señor de las moscas". Este libro me lo he leído yo.
-Yo me lo quiero leer. ¿Como es?
-Es como "Perdidos" pero con niños.

Publicado por Bernie_Ohls @ 0:20  | An?cdotas
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Mi?rcoles, 26 de mayo de 2010
Hace algunos años conocí a una librera de un pueblo de la Comunidad Valenciana en un viaje al que una editorial nos invitó a algunos libreros para presentarnos a un autor novel y su nuevo libro. No recuerdo el nombre de la librera pero era una señora mayor que regentaba una librería que no debía ser muy grande y seguía teniendo la misma ilusión que el primer día que empezara, muchísimos años atrás.
Recuerdo que ella me descubrió a Cormac McCarthy por una conversación que tuvo con un periodista gallego en el autobús donde viajábamos. Hablaban de lo mucho que les había gustado e impactado No es país para viejos y la charla me motivó de tal forma que no pude esperar a regresar a mi librería para comprármelo y me lo traje desde la ciudad donde estábamos.
Yo  no llevaba mucho en la profesión y la buscaba para escuchar todo lo que tuviera que decirme, consejos que grabé en la memoria y que con el tiempo he comprobado que eran más que útiles aunque uno no siempre tenga uno la capacidad de llevarlos a cabo como quisiera (como, por ejemplo, ese que decía que uno siempre se tiene que mostrar firme y seguro) .
Ella, la que me dijo que siempre tiene que haber una mínima distancia en el trato con el cliente y no ser demasiado cercano,  fue la que me contó una historia que me pareció muy bonita. En esta profesión donde muchos clientes piensan que leer más que ellos (algunos parecen creer que nos leemos todos los libros que nos llegan), que sabes más y que pueden aprender mucho de ti (ignorando que nosotross también aprendemos de ellos), la librera valenciana tenía un cliente que le encantaba y cuya visita siempre aguardaba.
En una ocasión le atendí y me habló del libro que compraba, contó. Lo puso tan bien que me lo llevé y disfruté tanto de su lectura que me leo todos los libros que nos compra. Todavía no hay libro que se haya llevado que no haya disfrutado. Cuando no le atiendo yo, me acerco a la caja una vez se ha marchado para hacer una copia del ticket y llevarme lo mismo.-Y añadió.- No sé por qué a veces me parece estar haciendo mal, pero es que tiene un gusto exquisito.
No estaba enamorada de él pero si de sus lecturas. Me pareció precioso que una librera que lleva tanto tiempo en la profesión, culta, tan segura de sí misma y que tan buenos consejos me dio se dejara arrastrar por los gustos lectores de un cliente al que admira, alguien ignorante de que los libros que compra luego pasaban a ser recomendaciones de la propia librera para otros clientes que piden consejo.
A ese cliente anónimo le estoy agradecido no solo porque nutre con ilusión por leer a la librera valenciana, sino también porque en su momento compró No es país para viejos y, por una extraña parábola del destino, esa compra acabó convenciéndome de que me lo comprara yo.
Ojalá algún día encuentre yo mi propio cliente anónimo, alguien cuyos gustos literarios se amolden a los míos y me dé a conocer libros con los que pasar horas disfrutando de su lectura.

Publicado por Bernie_Ohls @ 9:55  | Librer?as y libreros
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Martes, 25 de mayo de 2010

Estoy convencido de que el éxito de un libro depende del librero y del parecer de los primeros cien lectores.

Leonardo Sciascia


Publicado por Bernie_Ohls @ 0:02  | Citas
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Lunes, 24 de mayo de 2010

Serían las ocho de la tarde de un día bastante movido. Estando mi compañera Daniela de apoyo en la segunda caja (cosa extraña porque normalmente suele estar otro compañero, pero es que todo le pasa a Daniela) pitó la alarma cuando una muchacha de unos dieciséis años se disponía a salir.
La pobre cliente se quedó en el sitio, cortada. No parecía que tuviera pinta de robar (aunque eso nunca se puede saber con certeza) y consciente de que en ocasiones los detectores pitan por alarmas mal desalarmadas (o que se reactivan con el tiempo) en ropa, zapatos o bolsos (y no necesariamente pitan cuando se entra, imagino que por alguna extraña variante de las leyes de Murphy), mi compañera la tranquilizó, le pidió el bolso y, antes de abrirlo la hizo pasar por los detectores sin él.
Como no pitó, Daniela hizo lo propio con el bolso y entonces sí se activaron.
-Debe ser por algo que llevas en el bolso. ¿Llevas algo electrónico?
La muchacha negó con la cabeza, pero no dijo nada. Estaba descompuesta. Mientras aguardaba inquieta, incapaz de mantenerse inmóvil en el sitio, Daniela abrió el bolso y dentro encontró lo que dedujo con acierto que podía ser el objeto alarmado, no tanto por ver lo que era (pues estaba boca abajo) como por el tipo de envoltorio que tenía, ese plástico rígido de forma rectangular en el que venden retractilados las memorias USB o los ratones de ordenador (solo que era de un tamaño mayor). Lo sacó sin mirar, lo pasó y, efectivamente, pitó.
-Esto es lo que pita -dijo.
Sólo cuando se dispuso a desalarmarlo se fijó en qué era: se trataba de un consolador. Daniela se puso colorada, miró a la muchacha (quien bajó la vista y se puso aún más colorada), vio la cola de gente (no olvidemos que era un día bastante movido y si Daniela estaba ahí era porque estaba de apoyo en caja) y se pudo nerviosa. Supuestamente desalarmado, volvió a pasarlo por los detectores pero no, volvió a pitar y mi compañera, consciente de que cada vez que pita la alarma (y más si pita varias veces continuamente) a la gente le da por mirar (particularmente los que estén en la cola para que les cobren), se puso aún más nerviosa y, tras enarbolar por un instante el consolador en alto con extraño movimiento batidora por no saber cómo reaccionar, acabó metiéndolo en el bolso, se lo dio precipitadamente a la pobre cliente y le dijo:
-¡Toma! ¡Corre! ¡Corre!
La muchacha salió corriendo,(por supuesto) y posiblemente no haya vuelto nunca más a la librería. Al pasar por los detectores la alarma volvió a pitar. Mi compañera, apurada, le costó sudores y esfuerzo seguir cobrando. Y yo no pude reirme más ese día.


Publicado por Bernie_Ohls @ 11:19  | An?cdotas
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Domingo, 23 de mayo de 2010
Roja & Negra es la colección de literatura criminal dirigida por  Rodrigo Fresán, quien nos trajo a España la demoledora novela  El poder del perro, de Don Wislow.
Me llamó la atención la idea de que un escritor dirigiera una colección de literatura ciminal  y recuerdo que me pregunté por qué no hay ninguna colección (de literatura criminal o lo que sea) dirigida por libreros.
Aún hoy me lo pregunto.

Publicado por Bernie_Ohls @ 14:11  | Libros
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La crisis hace que los lectores arriesguen menos a la hora de comprarse un libro. Las ventas se concentran en los autores bestsellers, las novelas premiadas y los libros que están en boca de todos. Esto hace que muchos buenos libros se pierdan entre los no leídos ni por libreros ni por clientes, por desgracia.
También las editoriales arriesgan menos al publicar. Recortan el número de novedades y buscan el producto. Si se trata de novela negra, se procura que el escritor sea nórdico (preferiblemente sueco) para ver si arrastra a la gran masa que hemos quedado encantados con Stieg Larsson. Si se trata de captar a un público juvenil, cada editorial busca una historia vampírica o sobrenatural publicada por portadas en tonos escarlata o púrpura sobre negro, o reedita libros ya títulos publicados (Crónicas Vampíricas de Anne Rice, Tierra de Vampiros de John Marks) con sobrecubiertas en los mismos tonos. Para llevarse a los lectores que han devorado las cuatro novelas de Moccia, se buscan otras historias de amor escritas por autores italianos.
Los libreros, por nuestra parte, tampoco arriesgamos. Como vendemos menos no nos la jugamos a la hora de pedir novedades. De un título del que a lo mejor antes pedíamos cantidad, ahora recortamos el pedido y estamos más pendientes de su reposición. Libros de editoriales técnicas de los que siempre pedías al menos uno para darles una oportunidad, ahora no los pides y te limitas a los título que consideras particularmente interesantes.
Y sin embargo, hay toda una vorágine de editoriales nuevas. Y no dejan de proliferar los autores nuevos, así como son más los autores que pagan para que editoriales de autoedición les publiquen los libros. Y los precios de los libros en rústica con solapa empiezan a costar en torno a los 18 euros, lo que antes te podía costar un tapa dura con sobrecubierta (ahora subirá el IVA y pese a que el IVA de los libros es el mínimo y se mantiene igual, ¿servirá a las editoriales de excusa para subir aún más los precios?).
¿Cómo es posible? ¿Y a dónde nos lleva todo esto? No lo sé, pero es una lástima porque soy de los que piensan que sin riesgo no hay gloria.


Publicado por Bernie_Ohls @ 0:14  | Libros
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S?bado, 22 de mayo de 2010

El ritmo en nuestra librería digamos que es... trepidante a todos los niveles, y tengo dos compañeros (uno en el almacén y otro compañero en la librería) aquejados del Mal de Comercial.
Se trata no tanto de una enfermedad (porque el aquejado se encuentra en plenas facultades físicas) o una filosofía (porque para el que lo padece es algo natural y no algo reflexionado) como de un estado mental por el cual el afectado parece creer tener toda la eternidad para hacer su trabajo, y eso se traduce en un ritmo tranquilo y sosegado a la hora de hacer la tarea.
Así por ejemplo, cuando el compañero del almacén te llama por teléfono para realizar alguna consulta (en ocasiones irrelevantes o de fácil solución sin tu mediación) cree poder tenerte diez minutos al teléfono llevándote la contraria a lo que le digas porque realmente no quiere saber tu opinión sino decirte dando un largo rodeo lo que va a hacer sí o sí (cuando uno cuelga se pregunta por qué le ha llamado si igualmente va a hacer lo que le salga de los cojones). O cuando al compañero librero le pides que sustituya a otro compañero para que pueda ir al baño o salir a tomar café, te dice "enseguida" pero observándole te percatas de que coloca unos libros, contesta una llamada telefónica y atiende a uno o dos clientes, todo con parsimonia, antes de encaminarse (andando) a llevar a cabo la sustitución.
A diferencia de la miopía del escritor (que sólo afecta a escritores que han sido publicados) no se necesita haber sido comercial para tener este mal (hay gente sosegada por naturaleza) pero lo llamo así porque considero que habiendo sido comercial es muy probable que se padezca. Quizá lo dé esa vida que hicieron en la calle, organizándose el día a su manera, gusto y ritmo. O tal vez sea una deformación profesional de su antiguo trabajo que toma forma de necesidad de diálogo la que alargue las conversaciones con clientes o compañeros, no sé. Tampoco se trata de algo exclusivo para el mundo librero: al tratarse de un estado mental, los afectados acostumbran a tener la misma sintomatología en otros trabajos e imagino que puede ser extensible al ámbito doméstico.
En caso de haber sido comercial en el mundo del libro se padece un 99% de las veces. ¿Han visto al representante de algún distribuidor o editorial que no se tome las cosas con calma cuando se reúne contigo? Con todo lo presionados y estresados que suelen estar, nunca te lo demuestran y, en lugar de presentársete acelerados, parecen tener todo el día para hablarte de sus últimas novedades , nuevas campañas, etc.
Padecer este mal no conlleva que uno no saque adelante el trabajo diario que le corresponde. Pero, la verdad, ver cómo un compañero hace a ritmo de escriba medieval lo que debería hacerse a ritmo mecanografiado acostumbra a ponernos nerviosos a los que ya de por sí somos nerviosos. Máxime cuando de alguna forma exiges que aceleren su ritmo con tus peticiones y te responden con palabras o miradas que hacen venir a tu cabeza los anuncios de Malibú.
Imagino que a estas alturas habrán deducido que mis dos compañeros han sido comerciales en el mundo del libro...


Publicado por Bernie_Ohls @ 7:59  | Librer?as y libreros
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Viernes, 21 de mayo de 2010
Chorraditas del Facebook a las que unirse o de las que hacerse fan. Hoy:

Hobbits que te piden matrimonio y desaparecen cuando se ponen el anillo

Este es su enlace.

Sin comentarios...

Publicado por Bernie_Ohls @ 9:32  | Otros
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Jueves, 20 de mayo de 2010
-Cariño, eres más desapegada que el pegamento de los libros de Anagrama.
Frase de librero después de que su pareja rechace una carantoña.

Publicado por Bernie_Ohls @ 12:19  | Otros
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Cosas desagradables de ver

Un escritor asaltando a transeúntes para que compren su libro durante una firma en una Feria del Libro.
El elevado precio de algunos libros pese a estar editados en rústica con solapa.
Un cliente al que estás atendiendo y te deja con la palabra en la boca para contestar una llamada del móvil.
Una librería sin fondo.
Libros de historia publicados y documentados a base de Wikipedia.
Un cliente que dejó de prestarte atención para atender al teléfono y quiere saltarse a los clientes que en esos momentos están por delante de él.
El Informe Nielsen de algunas semanas.
Cómo escritores que han pagado a editoriales para que les publiquen tienen después que distribuirse ellos mismos los libros.
Un escaparate con muchos libros expuestos pero ninguno de editoriales independientes.
Cómo Ediciones Minotauro se echa a perder.
Un distribuidor que te manda como novedad los ejemplares que le parecen, y no los que les has pedido.
Cómo se saldan libros con tres años de vida (o menos).
Los profesores que se enfadan porque por ser profesores se creen con derecho a descuento.
Cómo muchos libros no duran más de un mes en las mesas de novedades.
Un escritor que se queja de no ver su libro expuesto cuando tiene una pila delante de sus narices.
Un editor que te no te escucha y te mira por encima del hombro.
Un cliente que te pide un libro que todavía no ha salido en bolsillo y asegura que sí, que él lo ha visto en El Corte Inglés.
El Papyre, de Grammata.

Publicado por Bernie_Ohls @ 2:24  | Otros
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Mi?rcoles, 19 de mayo de 2010

-Piensa bien lo que haces. El edificio está rodeado. No tienes escapatoria. Son casi doscientos distribuidores y muy bien cargados de novedades. Has conseguido organizar un buen jaleo, pero ya basta. ¿No me has oído? Esta librería ha terminado, Bernie. Esta librería ha terminado. Míralos ahí fuera. ¡Míralos! Si no lo dejas ahora mismo te van a matar. ¿Es eso lo que quieres? Se acabó, Bernie.¡Se acabó!
-¡NO SE ACABÓ!¡NO SEÑOR!¡Yo también tengo algo que decir!¡No era mi problema!¡Me mandaron las novedades a mí, no yo a ustedes!¡Yo hice lo que tenía que hacer para vender, pero no nos dejaron vender!¡Y cuando regreso a mi librería me encuentro a esos distribuidores en la puerta, gritándome, llamándome pesetero porque no les compro y otros horribles insultos!¿QUIENES SON ELLOS PARA INSULTARME, EH? No estuvieron allí, haciendo hueco en las mesas de novedades como yo. ¡No saben lo que dicen!
-Estos son malos tiempos para todos, Bernie. Aquello pertenece al pasado.
-¡Para usted! ¡Para mí la vida civil no es nada! ¡En la librería tenemos un código! ¡Tú me pides el libro y yo te lo traigo! Pero aquí no.
-Eres el último de una élite de libreros independientes. No lo termines así.
-Allí hacía pilas de bestsellers, colocaba obras de premios Nóbel en los estantes. Tenía a mi cargo miles de euros en títulos de fondo... ¡y aquí no me dan permiso ni para pedir un depósito de Tusquets! Ni eso... -empieza a llorar.- Dios mío... ¿Dónde están todos? ¿Dónde?... Tenía amigos en Negra y Criminal, todos aquellos muchachos eran amigos míos. ¿Dónde están? Aquí no encuentro a nadie. ¿Se acuerda usted de ellos? Paco y yo solíamos ir a tomar unas cervezas en nuestros ratos libres. Él hablaba de ir a la Semana Negra de Gijón en un Citröen Dos Caballos. Le gustaba mucho el descapotable rojo del 80. Decía que iríamos por la carretera hasta que se le cayeran las ruedas. Estábamos en una librería de Benidorm cuando aparece un comercial que lleva una edición anticipada de un libro y me dice “¿lee, señor, lee?”. Y le digo, “no”. Y el insiste y Paco dice “sí”. Yo voy a por un par de cervezas y la edición anticipada es un libro de David Zurdo y Ángel Gutiérrez. Lee las primeras páginas y sus ojos saltan por los aires hechos pedazos. Le veo allí caído gritando, ¡tuve que quitárselo de encima! ¡estaba cubierto de pedazos de sus ojos! La vista de mi amigo hecha pedazos. Intento mantenerlo en pie y veo que se le está saliendo toda la bilis por la boca. Nadie me ayuda, y me dice “quiero leer a Mankell”. Me lo repite una y otra vez “quiero leer a Mankell, quiero conducir mi Dos Caballos hasta casa para releerme El poder del perro ¡y no consigo encontrar sus ojos! ¡No encuentro sus ojos! No puedo quitármelo de la cabeza, y así siete largos años, día tras día. A veces me despierto y no sé qué leer...No hablo con nadie de libros... A veces durante un día... A veces durante una semana...No puedo quitármelo de la cabeza...

 

Fragmento de Librero Hard-Boiled Acorralado


Los libros se multiplican en proporción geométrica. Los lectores, en proporción aritmética. De no frenarse la pasión de publicar, vamos hacia un mundo con más autores que lectores.
La editorial Lulu, que publica cien libros diarios pagados por sus autores, estima que en 2052 habrá en los Estados Unidos 148 millones de autores y 129 millones de lectores (véase Authorgeddon en Google).

Comienzo de Los demasiados libros, de Gabriel Zaid (Debolsillo)

Un libro que todos los amantes de nuestro mundo debería leer.

Publicado por Bernie_Ohls @ 2:09  | Pasajes de libros
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Martes, 18 de mayo de 2010

Javier Jiménez y Manuel Gil, responsables de Paradigma Libro, hacen una más que loable labor como ideólogos del mundo del libro. Llevan más de diez años trabajando juntos y considero su blog un referente de la actualidad y futuro del libro y de todos los que vivimos de él.
El año pasado, durante la Feria del Libro de Madrid, el OBIEI (Observatorio Iberoamericano de la Edición Independiente) les hizo una entrevista que me parece muy interesante (incluso y particularmente para los interesados no versados). Les adjunto enlaces.

Entrevista del OBIEI a Javier Jiménez y Manuel Gil (1ª parte)
Entrevista del OBIEI a Javier Jiménez y Manuel Gil (2ª parte)
Entrevista del OBIEI a Javier Jiménez y Manuel Gil (3ª parte)
Entrevista del OBIEI a Javier Jiménez y Manuel Gil (4ª parte)

Después de verla decidí escribir a Manuel Gil (al que tuve el gusto de conocer hace años en un LIBER) y hacerle llegar mis observaciones, que aún no sé si son absurdas o pueden ser de interés. Por eso las comparto con vosotros, para abrir debate.

Te escribo después de haber visto la entrevista que te hicieron (junto con Javier Jiménez) para el OBIEI y quisiera felicitaros porque vuestro análisis, además de acertado, me parece expresado con la suficiente claridad como para que alguien ajeno al mundo del libro lo comprenda sin dificultad. Felicidades.
Sólo un comentario (que tal vez sea una perogrullada y ya sea haya pensado e intentado). Hacéis alusión a la ausencia de ratios en el mundo del libro, a una opacidad a la hora de dar información por parte de las editoriales y las librerías independientes (que es cierta). Mi opinión es que hay un temor, desconfianza o egoísmo a la hora de dar esos datos a nuestros semejantes (editores a editores y libreros a libreros) porque, aunque nos consideremos aliados, somos competencia en un mercado del que obtenemos para sobrevivir, sostenernos o sacar la cabeza para respirar de un agua que como mucho estará un poco por debajo del cuello, pero no demasiado. Pero también pienso que esa opacidad no sería tanta si la información fuera dada de las librerías independientes a las editoriales independientes y viceversa, porque no estás dando información a ninguna competencia y recibes información a cambio.
Mi idea sería elaborar una plataforma a la manera del modelo Informe Nielsen pero exclusivo para las librerías y las editoriales independientes que decidieran suscribirse. Una especie de Informe INDE no centrado en los libros más vendidos, por supuesto, sino en los datos de los que queráis hacer ratio: número de títulos vendidos del fondo de una editorial independiente, precio medio de los títulos vendidos de una editorial independiente, número de ejemplares vendidos del título más vendido de una editorial independiente... No sé. Los ideólogos del libro deberíais pensar qué es lo que necesitáis para los ratio, siempre teniendo en cuenta que no todas las librerías independientes tienen programas informáticos que les faciliten obtener la información.
Los datos obtenidos no serían todo lo fiables que se quisiera (una librería puede mover muchísimos libros de Página de Espuma porque es especializada en cuentos y otra no vender ninguno porque no tiene ningún fondo) pero es un comienzo.
Otra cuestión sería si esa plataforma deberían dirigirla los editores independientes o alguien ajeno a cualquier editorial; si la información que reciban los editores sean el resultado final o si reciben también los datos puntuales de cada librería (cosa que a mí, personalmente, me parecería interesante porque ayudaría a saber qué librerías mueven más sus libros y a buscar las razones por las que su fondo no funciona en otras).
Las librerías nos convertiríamos en auténticos observatorios del mundo del libro, creo que no habría tanta desconfianza y todos saldríamos ganando.

¿Es todo demasiado ideal? ¿Sería de alguna utilidad? ¿Qué ratios serían los más necesarios? ¿Cómo podría organizarse?...
Agradecería vuestra opinión.


Domingo, 16 de mayo de 2010

No es algo habitual que hagamos novatadas a los libreros nuevos. Tampoco es muy propio de mí hacerlas yo y sí lo es más de mi compañero Juan, el maestro que, confabulado con la dirección de la librería, le dijo a otra ex-campañera (una diva divina lectora de la creme de la creme de la literatura) que iban a llamar del programa Aquí hay tomate para preguntarnos por el peluquero ex-marido de Karina (quien se suponía que había estado la tarde antes por la librería) y que, como nadie quería ponerse al teléfono, le tocaba a ella hacerlo por ser la más nueva. La cara que se le puso cuando la llamaron desde la dirección confirmándole que todo era cierto y pidiéndole que se asegurara de dar una buena imagen de la librería fue todo un poema.
El día que decidí gastarle una novatada a mi ex-compañera Natalia casi la maté. Llevaba algo más de dos meses con nosotros y la veíamos trabajadora y con mucho nervio, pero entonces aún no sabíamos todavía cuan a pecho se tomaba su trabajo.
Fue en un cambio de turno. Ella salía sonriente y yo entraba serio. Fue entonces cuando recibí una inspiración divina, la intercepté e improvisé toda una historia.
-Natalia, una cosa. Mañana a primera hora, mientras estéis cerrados al público, tenéis que cambiar el orden de los libros en secciones de esoterismo, espiritualidad y autoayuda -secciones contiguas en un mismo pasillo ordenados por orden alfabético de la editorial y que ocupaban unos cuantos metros de baldas.- Los jefes quieren que aunéis todas las secciones en una y coloquéis los libros por orden de ISBN.
Por orden de ISBN. Yo no creí que fuera a colar pero se ve que cuando me pongo serio puedo resultar muy convincente. Ella abrió los ojos exageradamente, luego pestañeó y negó con la cabeza repetidas veces como para quitarse de encima el aturdimiento.
-¿Cómo que por orden de ISBN? -me dijo, intentando comprender y ya no sonriente.
-Sí, mira -quise explicarle.- Tú sabes que la segunda serie de dígitos del código ISBN -entonces los ISBN todavía eran de diez y no tenían el 978 delante- indica la editorial a la que pertenece el libro, así que lo que realmente estaríamos haciendo es reordenarlos por editorial solo que no por orden alfabético sino por el de su código. Tendréis que mirar primero qué código tiene cada editorial y después colocarlos todos para crear una única y nueva sección.
Natalia abría más la boca a medida que le daba las explicaciones y yo escuchaba los engranajes de su cerebro asimilando la información. Cuando terminé de hablar apenas tuvo voz para decirme:
-Pero... pero... pero... ¡eso es imposible! Nos va a llevar toda la mañana y no vamos a terminar
-Pues tenéis dos horas porque tiene que estar listo a las diez y media -dije yo, impetérrito.- A las doce tenemos una presentación -la única verdad de toda esta historia- y los jefes quieren que todo esté listo para cuando llegue el autor, con el que han quedado a esa hora.
El rostro comenzó a amoratársele, como si se olvidara de respirar porque no tuviera tiempo. Empezó a temblar ligeramente, mirándome a los ojos sin decirme nada (parecía querer hablar y no salirle las palabras) ni moverse del sitio. Entonces me di cuenta de cuan a pecho se tomaba las cosas y pensé: Dioses, se está colapsando, me la voy a cargar.
Cuando le dije es una broma fui yo quien apenas tuvo voz para decirlo. Natalia resopló como una ballena el aire acumulado quien sabe durante cuantos segundos, se fue aliviada de que todo fuera una broma y yo me cuidé de no volver a gastarle otra broma porque otra así y me la cargo seguro.
Estuvo bastante tiempo con nosotros (no como la diva, que no pasó los tres meses) y siempre cumplió con su trabajo metódica y meticulosamente, aunque e faltaba algo de tacto, la verdad, pero es una estupenda persona. Hace tiempo que no sé de ella. Natalia: espero que todo te vaya bien.


Publicado por Bernie_Ohls @ 12:48  | An?cdotas
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Viernes, 14 de mayo de 2010

Corren malos tiempos. Todo el mundo escribe libros y los hijos no obedecen a sus padres.

Marco Tulio Cicerón


Publicado por Bernie_Ohls @ 10:46  | Otros
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Sólo llevo quince páginas de Los marineros perdidos (de Jean-Claude Izzo, en editorial Montesinos) pero ya sé que me va a encantar. Así comienza:

Aquella mañana, Marsella lucía los colores del mar del Norte. Diamantis se tomó apresuradamente un Nescafé en la sala común desierta y luego bajó al puente, silbando Bésame mucho, la melodía que más a menudo le venía a la cabeza. Y también la única que sabía silbar. Sacó un cigarrillo de un arrugado paquete de Camel, lo encendió y se apoyó en la borda. A Diamantis le daba igual el tiempo que hiciese. Por lo menos aquel día. Desde que se había levantado también su ánimo estaba impregnado de tonos grises.

Tonos grises y melancolía son elementos que me satisfacen sobremanera y las quince páginas leídas me han parecido muy humanamente escritas.
Si no lo recomiendo ya es porque un librero nunca debe recomendar un libro no leído aunque intuya cómo es.
Pero les aseguro que no tardaré en recomendarlo. 

Publicado por Bernie_Ohls @ 2:44  | Libros
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Ahora vienen dando todas las facilidades. Cada uno trae en cada visita un invento para que compres más o expongas mejor sus libros.
Uno te sugiere escoger cada mes uno o dos títulos que acostumbres a recomendar habitualmente de su catálogo para dejártelos a un cincuenta por ciento de descuento siempre que les dediques un rincón exclusivo en la librería. Otro te deja en depósito los ejemplares de un título de novedad que, a su juicio, te has quedado corto pidiendo. Otro no para de recordarte que mientras hagas un pedido de libros de bolsillo durante ese mes, tendrás un cinco por ciento adicional. Otro te da un mes adicional de aplazamiento en el pago. Sólo son algunas.
También vienen más tensos, seguro que presionados por sus superiores porque no se está vendiendo lo que se debería (ni de lejos).
Te dejan más catálogos para que pidas depósitos. Te ruegan que pongas pósters enormes porque la semana siguiente viene de visita su jefe. Están obsesivamente atentos a la colocación de sus libros y mucho más atentos de lo habitual a los de la competencia. Te traen más ediciones anticipadas y libros para que leas. Y muchas más cosas que pasan.
No quieren darse cuenta de que si no compramos es porque no vendemos y que si no vendemos es porque la gente no tiene dinero (veinte por ciento de paro, el fin de las ayudas para muchos, familias enteras dependiendo de un único sueldo...). Les preocupa colocar toda la novedad y luego se asustan cuando reciben las megadevoluciones de títulos de los que no se han vendido ninguno porque las compras de los clientes se concentran en unos pocos títulos. No corren riesgos, no experimentan. Por eso muchos buenos libros pasarán desapercibidos este año y, si pasan desapercibidos cuando son novedad, en muchas editoriales comerciales estarán condenados a la extinción del saldo ya que en grandes superficies sólo tienen existencias si arrastra ventas y somos demasiado pocas las librerías de fondo donde pudieran estar expuestos.
Antes, cuando todo iba bien, a las librerías independientes se nos podía tratar de cualquier forma porque como las grandes superficies vendían cantidades que cubrían objetivos se sentían fuertes y te precsionaban. Cuando pedías ayuda, te decían que no o negociaban.
Ahora consideran cada punto de venta es vital y te miman, se dan cuenta de que mueves fondo y que tus ventas no son tan malas. Son ellos los que piden ayuda pero tú, a diferencia de ellos antes, quieras o no, no puedes preocupado como estás en sobrevivir. 
Mañana, cuando todo se estabilice y vuelvan a vender lo previsto, se olvidarán de todo lo pasado y volverán a mirarte por encima del hombro, algunos imponiéndote su ley. Algunas editoriales caerán, así como las cabezas de algunos editores y comerciales. Librerías desaparecerán también, por supuesto. Pero la historia volverá a repetirse.
Y es lo que hay.

Publicado por Bernie_Ohls @ 1:53  | Distribuidores
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Jueves, 13 de mayo de 2010

-Tanto escritor gilipollas y tan pocas balas...

Fragmento de Ford Fairlane, el detective librero.


Terminado El cebo, de José Carlos Somoza, y pese a no haber leído toda la obra del autor me atrevería a decir que se trata de la novela en la que más se ha apasionado (algo muy relacionado con lo narrado) y más ha dejado de sí, el libro donde de una u otra forma confluyen todos los anteriores. Thriller futurista (como La llave del abismo), hay ecos de La dama número trece en cómo las cebos obligan a otros a hacer lo que ellas quieran (incluso hacerse daño), o de La caverna de las ideas en algún nombre griego y símiles vinculados al mundo antiguo. De Miguel Will también debe beber y mucho, pues Shakespeare es una de las figuras principales.
Todo hay que decirlo. Aunque en ocasiones puntuales la sucesión de los hechos me ha parecido precipitada o forzada y la trama general un tanto típico/tópica, pero la idea de los cebos y su vinculación a la obra de Shakespeare es más que original, muy trabajada y digna de cualquier autor de ciencia ficción anglosajón consagrado. Estoy convencido de que esta novela va a funcionar muy bien en los países anglosajones y le puede volver a hacer optar (y tener más opciones de ganar) el Premio John W. Campbell Memorial.
Aquí, sin embargo, su futuro lo veo más incierto: la leerán todos los fieles al autor (que cada día somos más) pero ese pasito que da ambientándola en el futuro le puede restar público. Podría haberla ambientado perfectamente en el presente, la verdad, y la idea del psinoma no se habría resentido, moviendo (estoy convencido) a muchísima gente a buscar por internet cuánto de verdad hay en ella. Pero ambientarla en el futuro no ayuda a enmascarar el prodigio imaginativo que es, restándole (a mi juicio) verosimilitud a aquellos lectores de thrillers que no acostumbran a leer ciencia ficción (género que muchos no respetan, un problema que no tienen los anglosajones; al contrario), los mismos que, si la obra obtiene el reconocimiento internacional que preveo, la mirarán con otros ojos no tan llenos de prejuicios.
Depende del boca/oreja, como siempre. Eso es lo que le da al libro las buenas ventas, las que pueden llevarlo a convertirse en un longseller. Esperemos que así sea.

Por mi parte, terminado anoche el libro a las dos y media de la madrugada, aun no he podido desengancharme. Somoza se las ingenió para escribir una máscara afín a mi filia y la duda que ahora me atormenta, aquella que me gustaría hacerle llegar al autor, es, ¿qué filia tendré yo, que me escondo tras la máscara de Bernie Ohls para escribir mis confesiones hard-boiled?

Publicado por Bernie_Ohls @ 11:14  | Libros
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Mi?rcoles, 12 de mayo de 2010
Hoy me ha dado por pensar que los libreros independientes somos una especie de olvidados reyes Gudú a la inversa porque, a diferencia del monarca ideado por Ana María Matute (un Gudú cuyo reino desaparecería si soltaba una lágrima), nosotros estaríamos olvidados si no lloráramos continuamente. Vivimos bajo la premisa de que quien no llora no mama porque si dejáramos  de mamar moriríamos de inanición y desapareceríamos.

Salvo contadas excepciones (como, por ejemplo, Paco Camarasa de la Librería Negra y Criminal, que logra hacerse un hueco en muchos encuentros sobre novela negra), ya somos los grandes olvidados cuando se organizan mesas redondas o eventos para hablar del mundo del libro. Editores, autores, críticos, políticos, periodistas... ¿pero libreros? Muy de cuando en cuando y no porque no queramos ir, sino porque no se cuenta con nosotros si de alguna forma no patrocinamos.

Nuestras librerías son reinos donde cabe toda la fantasía e imaginación de la palabra escrita, y se mantienen (sólo se mantienen) gracias a nuestras lágrimas. Muchas de cocodrilo, sí, pero no menos de esfuerzo, dolor y sufrimiento. Nadie nos puede negar que no nos faltan razones para llorar.

Cuando dejemos de hacerlo, dejaremos e ser libreros. Entonces desapareceremos. Olvidados reyes Gudú a la inversa. Olvidados Reyes Udug.

Publicado por Bernie_Ohls @ 10:56  | Librer?as y libreros
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Martes, 11 de mayo de 2010

-Estás derrotado. Resistir es inútil. No te dejes destruir como lo hizo Bolaño.
Cruzan sus sables de luz. Vader es herido pero acorrala a su adversario, quien grita de dolor cuando logra cortarle la mano con la que escribe.
-No hay escapatoria. No me obligues a destruirte... Enrique, ¿todavía no te has dado cuenta de tu importancia? Sólo has empezado a descubrir tu talento. Únete a mí y yo completaré tu entrenamiento como escritor comercial. Combinando nuestras escrituras podemos acabar con esta beligerancia y poner orden en la literatura española.
-¡Jamás me uniré a tí!
-¡Si conocieras el poder del bestseller...! Bolaño no te dijo lo que le pasó a Pombo.
-¡Dijo lo suficiente! ¡Dijo que tú lo captaste!
-No. Yo soy Álvaro Pombo.
-No... ¡Eso no es verdad! ¡Es imposible!
-Examina tus sentimientos. Me dieron el Premio Planeta. Sabes que es verdad.
-¡Nooooooooooo!... Nooo...
-Enrique. Tú puedes destruir a Lara hijo. Él se ha percatado de eso. Únete a mí, deja de ser un chico Herralde y juntos dominaremos Grupo Planeta como escritores comerciales... Ven conmigo: es el único camino.

Fragmento de El imperio Lara contraataca


Era a primera hora de la tarde, una hora muy tranquila. Estaba una compañera colocando y la intercepta un señor de unos cincuenta años, algo nervioso, que le dice:
-No encuentro un libro. El otro día estaba aquí.
-¿Recuerda el título?
-No me acuerdo bien. Era algo de un volcán.
Tras unos minutos de incertidumbre, como estaba en Otras Narrativas (sección ordenada por orden alfabético de autor) y más o menos a la altura de la S, dedujimos de qué título podía tratarse.
-¿Puede ser El amante del volcán, de Susan Sontag?
-¡Sí, ese es, pero no está!
Miró la compañera en el estante y, efectivamente, no lo vio colocado en su sitio.
-Caballero, se habrá vendido -le dijo.
-¡Pero tiene que estar!
Y lo soltó de una forma tan perentoria que la compañera volvió a mirar. Al no encontrarlo me pidió que lo buscara por el ordenador y, efectivamente, figuraba uno.
Se lo dije y me puse a buscarlo con ella. Éramos seis ojos mirando y el libro no aparecía. Miramos incluso en Narrativa Hispánica por si algún cliente lo había puesto allí por error, pero nada.
-No lo encontramos caballero -dije yo, porque mi compañera empezaba a ponerse nerviosa.
-¡Pero tiene que estar!¡Estaba aquí!¡Tiene que estar! -repetía el cliente cada vez más alterado (les puedo asegurar que no exagero).
Llegó mi compañera Daniela y nos preguntó que qué pasaba. Le explicamos que no encontrábamos un libro para el cliente, que de repente la asaltó a ella también para repetir ¡estaba aquí! ¡estaba aquí!, como uno de esos dementes que claman ¡tienes que creerme! ¡tienes que creerme! A mí todo aquello empezó a mosquear y me dio por pensar que lo que ese hombre realmente pretendía era entretenernos y desviar nuestra atención mientras otro compinche nos robaba libros. Di un vistazo a los clientes en otros pasillos pero no, nadie sospechoso.
Volví a Otras Narrativas y todo seguía igual, solo que con el cliente más alterado si cabe (como desesperado) y mis compañeras más nerviosas, intentando explicarle de buenas maneras al cliente que no aparecía el ejemplar pero que se le podía pedir si quisiera, que podía tratarse de un error en las existencias, estar retirado por defectuoso, en devolución o, sencillamente, estar descolocado...
El cliente, sin atender a razones, exigía que siguiéramos buscando, los tres libreros, y Daniela, harta ya de la situación, se plantó firme frente a él y le dijo.
-Caballero. El ordenador dice que hay un ejemplar pero no lo encontramos. Si quiere le tomamos nota para avisarle si aparece o le pedimos un ejemplar. Y no hay más que hablar.
-¡Pero tiene que estar! -respondió el cliente.- ¡Si yo lo escondí! ¡Lo escondí por aquí!
Nos miramos los tres y se nos cambió la cara.
-¿Me está diciendo usted que llevamos diez minutos buscando un libro que usted escondió para que no se lo llevaran y ahora que no se acuerda de dónde lo dejó quiere que se lo encontremos? -dije yo, en un tono de voz bastante neutro y bajo. Obsérvese que prescindí de la fórmula "caballero", algo que acostumbra a ser indicativo de un cierto grado de irritabilidad por mi parte.
-¡Pero tiene que estar por aquí! -insistió él.
Nos dispersamos y le dejamos solo. Dos minutos después estaba saliendo de la librería y, encima, se marchó cabreado con nosotros.


Publicado por Bernie_Ohls @ 9:36  | An?cdotas
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Chorraditas del Facebook a las que unirse o de las que hacerse fan. Hoy:

Libreros que ocultan preciosa información después de haber sido maltratados.

No les pidas cosas absurdas después de medianoche. No se pueden mojar. Su mala leche se reproduce por esporas.

En su muro se concentra todo un elenco de anécdotas y situaciones absurdas de libreros.
Este es su enlace.

Publicado por Bernie_Ohls @ 8:27  | Otros
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Lunes, 10 de mayo de 2010

Jim Gordon: Has devuelto la calma a las librerías, ya no hay editores corruptos, la gente vuelve a tener esperanza.
Bookman: ¿Pero?
Jim Gordon: El
LIBER, irrecuperable. Y tampoco hemos capturado aún a Javier y a otros sinvergüenzas que estaban encerrados en Grupo Planeta.
Bookman: Podemos cogerlos y lo haremos.
Jim Gordon: ¿Y qué me dices de la escalada?
Bookman: ¿Q escalada?
Jim Gordon: Si nosotros editamos con éxito a un autor en tapa dura, ellos lo compran y lo editan en tapa dura con sobrecubierta. Si llevamos marcapáginas a los libreros independientes, ellos disparan con promociones exclusivas para las grandes superficies.
Bookman: ¿Y qué?
Jim Gordon: Que tú llevas máscara y vas saltando de una editorial a otra. ¿Qué me dices de este tipo? Más de doscientos títulos publicados, saca un libro al mes... le gusta la música country, como a ti. Tiene un programa de radio.
Bookman: Yo me encargaré de él.
Jim Gordon: Nunca te he dado las gracias.
Bookman: No tienes por qué hacerlo.

Fragmento final de Bookman Begins


Empecé este blog con la premisa de contar las cosas de forma diferente, aportar una nueva perspectiva que resultara poco habitual.
Llevo poco más de un mes y no sé si voy por buen camino. Facebook y Twitter me ayudan a saber de libreros, escritores y editoriales, así como a darme a conocer.
Quiero pensar que las cosas van bien cuando una editorial "tan clásica" como Alba es la primera en bloquearte en Twitter y otra tan heterodoxa como Lengua de Trapo se convierte en tu primer y único seguidor.
Si Ediciones Irreverentes se convirtiera en mi segundo seguidor estaría convencido de que las cosas marchan viento en popa.
¿Sábes que vas a ir al infierno?, me preguntó una autora en un correo electrónico. Cuento las cosas como me pasan, las pienso y las siento, respondí yo. Iré al infierno, sí, pero espero bajar con una buena recortada.
Caminar al infierno no me parecería mal. Al menos sabría que no vago sin rumbo y que esto que hago me lleva a alguna parte.

Publicado por Bernie_Ohls @ 10:19  | Otros
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Vienen el veinticuatro de diciembre o el cinco de enero y tienen el día organizado. A primera hora van al mercado y compran todo lo necesario para la cena que tendrán esa noche con la familia. Después empiezan con la compra de regalos que han dejado para última hora.
Llegan sonrientes a la librería, recién salidos del mercado o tras haber comprado en una o dos tiendas donde han encontrado lo que buscaban, y te piden el libro que quieren regalar al hijo, al cuñado o vete a saber a quien; ese título de intriga o novela histórica del que tanto han hablado en la radio y que está en boca de todos. Tú no necesitas mirar al ordenador para darles la mala noticia.
-Lo siento. Se nos ha acabado.
Entonces ves cómo sus rostros se ensombrecen en una transformación digna de Jekyll y Hyde. Esa respuesta no entraba dentro de sus planes y les supone un trastorno: tendrán que desplazarse cargados con sus bolsas a otra librería para probar suerte, salirse del itinerario de tiendas planificado.
-¿Cómo que se os ha acabado? -preguntan.
No conciben que hayas vendido todos los ejemplares del libro más vendido, ese que salió en septiembre u octubre y tanto se ha esforzado su editor en sacar a los medios y publicitarlo de todas las maneras concebibles, un título que han decidido comprar la mayoría de los que no acostumbran a leer y no quieren pararse a pensar en qué libro regalar.
-Hemos vendido todos los ejemplares, lo siento -les dices.
Ellos te miran con suspicacia. No acaban de creerte porque no quieren hacerlo. No comprenden que esa crítica tan buena que oyeron en ese programa de radio tan popular ha llevado a miles de personas a tener la misma idea que ellos: comprárselo a esa persona que tanto le gustan los libros y a la que no saben qué regalar. Querrías decirles que todo el mundo te lo pide, que es el libro de moda, que has tenido más de doscientos ejemplares y que tal vez te quedarían si hubieran llegado los cien que pediste de reposición cuando la edición ya estaba agotada. También que lleva meses en la calle y no es buena idea venir el último día a comprarlo, que dos días antes todavía te quedaban... Pero están de más las explicaciones: ellos sólo quieren su libro.
Les ves intentando recuperarse del pequeño shock que les has causado y esperas a ver si quieren preguntarte por otro título o alguna sugerencia. Pero no, son unos escépticos.
-¿Estás seguro de que no te quedan? ¿No tendrás ninguno por ahí guardado?
Lo mismo te lo preguntan molestos porque ni siquiera te has preocupado de mirarlo en el ordenador, no sé. Claro, tengo un montón guardados y no los saco porque realmente no estoy aquí para vender libros, sino palomitas, quisieras decirles, pero niegas con la cabeza y por tercera vez dices es lo siento. Te miran como si les mintieras, como si no quisieras vendérselos a ellos porque te han caído mal, o porque piensas que no leen y no se lo merecen.... El caso es que la historia suele acabar con ellos cabreados contigo porque les da igual que lo sientas y, claro, no se van a enfadar consigo mismos: ellos tenían todo el día bien planeado y ahora, de una u otra forma, buscando el libro en otra librería o pensando una alternativa, van a tener que improvisar. Tú tienes la culpa de no tener ningún ejemplar para ellos, de que no sepan qué otro libro comprar, de que lo hayan dejado todo a última hora y les suponga un estrés pensar qué regalar.
Se marchan pero sabes que vendrán más. Te pedirán ese mismo libro o llegarán con una lista de títulos (a veces bastante específica) que les han dado padres, nietos o novios. Llegarán confiados de que los vamos a tener. ¿Cómo no los vamos a tener en una librería con tantos libros? A todos aquellos que se enfadan te gustaría decirles que un poquito de previsión no les vendría mal, pero claro ¿a quién le importa lo que piense un librero?
Qué nos gusta a los libreros llorar.


Publicado por Bernie_Ohls @ 1:57  | Lectores
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Domingo, 09 de mayo de 2010

-Está bien. ¿Qué es lo mejor de la vida?

-La extensa promoción, un descatalogado rápido, billetes en tu puño y el Nielsen en tu cabeza.

-¡¡¡Mal!!! Conan, ¿qué es lo mejor de la vida?

-Evitar enemigos, verlos desfondados y oír el lamento de sus autores.

-¿Lo habéis oído? Eso está bien.

Fragmento de Conan, El Editor Bárbaro


S?bado, 08 de mayo de 2010

Era junio del 2006 y les escribí un sencillo correo electrónico que decía:

Simplemente les escribo para felicitarles por la labor que están haciendo como editorial, particularmente con la publicación de autores italianos de novela negra: confío en que vayan a más y nos sigan trayendo estupendos autores.

Ellos respondieron rápidamente, exactamente cincuenta minutos después:

Gracias Bernie por tus letras las cuales nos animan a continuar con nuestra trayectoria editorial. Sé a través de nuestro distribuidor y yo personalmente que estuve en tu librería que nos habéis acogido con mucho entusiasmo.
Fernando Jiménez
Dtor. Comercial

Pasados dos días, recibí un correo de su distribuidor con una sencilla línea:

Amigo Bernie gracias por tu ayuda muchas gracias de veras.

Ellos eran la editorial Tropismos y ya no existen. Yo no lo sabía entonces pero las cosas no les iban demasiado bien. Trajeron a Ken Bruen y su Maderos (demoledor), a Marco Vichi y a Alejandro Perissinotto (autores italianos a los que aludía), Dominique Manotti, Richard Bausch, David Mitchell... Su propuesta editorial era seria y profesional pero tal vez no lo suficientemente comercial. Esto último intentaron enmendarlo su último año pero considero que el remedio fue peor que la enfermedad: se metieron a publicar fantasía juvenil, muy de moda en ese momento, y también sacaron un par de títulos de su serie negra en tapa dura con sobrecubierta, no sé si en un intento de asemejarse más al formato de los bestseller.
Personalmente lo percibí como un intento fallido de enderezar un rumbo que habían perdido y que no sirvió más que para diluir su identidad editorial (como cuando la editorial El Andén sacó esos libros horribles en tapa dura, tamaño bolsillo, forma cuadrada y pésimo papel que ahora pueden encontrar en las librerías de saldo). Hoy Ken Bruen está en Pàmies y ViaMagna, Dominique Manotti en Alba con su Conexión Lorena que tan buenas críticas tiene y Richard Bausch en Los Libros del Lince con Paz, del que también he oido hablar bien. David Mitchell no tiene nueva casa (incomprensiblemente). Perissinotto y Vichi tampoco.
Y uno se pregunta si hoy, que la novela negra está tan de moda, su suerte habría sido distinta. Si habrían levantado el vuelo de haber podido aguantar un par de años más trabajando duramente como estoy convencido que lo hacían.
También me pregunto qué habrá sido de Fernando Jiménez y el resto del equipo de Tropismos. Si trabajan en otra editorial o de alguna otra forma en el mundo del libro. Me gustaría saber de ellos.
Rey Lear (2006), El Olivo Azul (2007), Ediciones Escalera (2007), Pàmies (2007), Salto de Página (2007), Ediciones Ambar (2008), errata naturae(2008), Los Libros del Lince (2008) Viceversa (2009), Libros del Silencio (2009), Ático de los Libros (2010)... También me da por preguntarme cuántas de todas las editoriales que están surgiendo en estos últimos años podrán aguantar el tipo y hacerse un hueco definitivo en este mercado con tantos libros publicados, tanta competencia y tan pocos libreros.
Pero la pregunta que más me hago es, ¿cómo se asume que pese a darlo todo en un proyecto en el que crees, elaborar un catálogo cuidado de calidad literaria incuestionable y tener una acogida entusiasta por parte de los libreros, nada te garantice que no acabes condenado a la extinción?


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Viernes, 07 de mayo de 2010

-¿Tienes Las edades de Lulú?
Todo parecía muy sencillo. Te daban correctamente el título de un libro más que conocido que siempre sueles tener.
Recordaba haber vendido dos días antes el último en bolsillo colocado en el estante, así que me fui confiado a la sección de Narrativa Hispánica en busca de la edición en la colección Andanzas. No estaba. Como tiene una edición en la colección La Sonrisa Vertical (¡qué gran nombre!), me dirigí al apartado de Narrativa Erótica.
Nothing de nothing. Escamado, me dirijo al ordenador para confirmar existencias. No podía creer que no tuviéramos ningún ejemplar cuando es un libro que siempre tenemos. Pongo el título en el buscador y entonces es cuando las cosas terminan de torcerse:

Las edades de Lulú (MaxiTusquets) 14 ejemplares

Las edades de Lulú (Andanzas) 1 ejemplar

Las edades de Lulú (La Sonrisa Vertical) 1 ejemplar

Las edades de Lulú (Fábula) 2 ejemplares

Pestañeé dos veces antes de terminar de creérmelo. Se suponía que los teníamos todos pero no encuentraba ninguno. Me cagué en la madre que me parió y fui a la sección de Bolsillo porque allí no había mirado, confiado en que dos días antes había vendido el último de allí. Efectivamente, no había ninguno (ni en MaxiTusquets ni en Fábula). Miré a mi alrededor y pensé: no puede ser, la librería no está tan desordenada. Examiné debajo de los estantes, en la trastienda y debajo de la mesa de novedades de bolsillo, lugares donde almacenamos cantidades: nada. También revisé un expositor que tenemos de DeBolsillo y ahí tampoco estában los de MaxiTusquets.
Eran las cinco y media y todavía había compañeros trabajando en el almacén (que lo tenemos aparte de la librería), así que llamé a Pepe para preguntarle si los tenía allí. No debería porque el programa te indica si están en almacén o en librería, pero era una posibilidad y no se me ocurría más sitios donde buscar. Me puse a caminar con el teléfono inhalámbrico mientras esperaba que me cogieran (tengo ese hábito, vagar por la librería mientras hablo por el teléfono) y todavía no me habían contestado cuando me los encontré de frente, la pila de catorce de MaxiTusquets, en los bajos de un estante que tiene agendas y libretas en blanco, un lugar donde no habría mirado si el azar y la tranquilidad de la zona no hubieran conducido mis pasos hasta allí. Aparecieron cuando ya no los buscaba, no podía ser de otra forma, es Ley de Murphy. Colgué, cogí un ejemplar, se lo di a la cliente y le agradecí su paciencia pese a que todo esto que he contado me llevó poco más de tres minutos.
Una vez cumplida la misión, cogí la pila y me llevé unos cuantos a la sección de Bolsillo y el resto al expositor de DeBolsillo.
Dos horas después (cuando ya no los buscaba, por supuesto) encontraría el resto. En torno a las siete y media de la tarde aparecería el ejemplar de Andanzas en la sección de Clásicos, dejado de cualquier forma sobre otros libros, posiblemente abandonado por algún cliente. Quince minutos después, aparecieron los dos de Fábula y, al poco, el de la Sonrisa Vertical, los tres en cestas que habían bajado esa misma tarde con libros de Les Punxes. Me preocupé de colocarlos todos en su sitio para que ninguno de mis compañeros ni yo tengamos problemas para encontrarlos la próxima vez.
Todo en orden, me dije, aun sabiendo que la próxima vez nos pasará lo mismo con otro título. Es Ley de Murphy.


Publicado por Bernie_Ohls @ 12:28  | An?cdotas
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He pensado que no está bien tener un blog como librero y no contar qué estoy leyendo o no recomendar algún libro de vez en cuando. 
Hoy he empezado El cebo, de José Carlos Somoza (Plaza&Janés). En una edición anticipada (pues no sale a la venta hasta el 14 de mayo).
Voy por la página cien. Por ahora, muy muy bien (como casi cualquier libro de Somoza).
A continuación, un trailer promocional que ha hecho la editorial.


Publicado por Bernie_Ohls @ 0:55  | Libros
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Mi?rcoles, 05 de mayo de 2010

Chorraditas del Facebook a las que unirse o de las que hacerse fan. Hoy:

Odio cuando recibo la llamada de Cthulhu pero tengo el móvil sin cobertura.

Seguro que también te ha pasado que llevas eones de tiempo esperando a que te convoque el terror supremo que habita en la ciudad muerta de R'lyeh y, cuando por fin te llama,te pilla sin cobertura o en el cine con el móvil en silencio.
Enlace


Publicado por Bernie_Ohls @ 10:12  | Otros
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Su nuevo libro había salido en octubre y siendo autor local y amigo de la casa nos habíamos asegurado de tener ejemplares de sobra bien expuestos por toda la librería: una columna en la entrada, una pila en la mesa de novedades que le correspondía, varios ejemplares en la sección y también en el cabecero de uno de los mostradores de información. En el escaparate también estaba representado, por supuesto, tanto en el de la librería como en el de la página web.
Él (por supuesto también) no vio nada de todo este despliegue. Sabíamos que no iba a venir porque, avergonzado por motivos que no vienen al caso, hacía algún tiempo que no nos visitaba. No es que nos importara demasiado: creíamos en su habilidad como escritor y en la obra que, además, partía de una idea dada por un compañero librero que ya no está con nosotros.
Fueron pasando los meses. Las ventas del libro no estuvieron mal, discretas pero aceptables, por lo que seguimos teniendo ejemplares de sobra para estar expuestos. Quizá ya no en el escaparate ni en el cabecero del mostrador de información. Tampoco la columna de la entrada (aunque en los bajos de una de ellas columnas sí).
Entonces, una tarde (ya en enero) recibí una llamada del comercial responsable de la distribución del libro que, congestionado, preguntando si habíamos puesto a devolver ejemplares, si habíamos dejado de tener el libro expuesto o qué porque el autor había escrito un correo electrónico al editor quejándose de que no veía su libro expuesto en la ciudad.
Yo supuse lo que pasaba. El autor estaba aquejado de la miopía del escritor, un mal que afecta (aproximadamente) al noventa y cinco por ciento de los artistas de la palabra escrita y que se manifiesta en una incapacidad de ver su libro en sitios donde están. Las causas del mal son sencillas: un tremendo ego afecta las percepciones visuales y la capacidad de raciocinio del afectado que, al no ver su obra cómo y donde piensa que debería estar, entra en un estado quejicoso e irritable que se manifiesta en llamadas o correos electrónicos a su editor, desprecio o menosprecio al librero y otras formas de volcar su enfado.
Me constaba que no había pasado por nuestra librería, pero también que no habían faltado ejemplares en el resto de las importantes de la ciudad. Supuse que no podía más que tratarse de no haber visto el libro en una gran superficie. Cuando escribí un correo al editor dejándole claro no sólo que no nos faltaban ejemplares, sino que además lo teníamos expuesto y habíamos vendido ochenta, así como que dudaba que en otras librerías hubiera faltado, Dios tuvo a bien que recibiera una respuesta que decía:

 Estimado amigo:
Le agradezco de veras su email. No es la primera vez, precisamente, que un
autor se despista. De todas formas, si bien recuerdo aludía específicamente
a la FNAC.
Me alegra su apuesta por este excelente autor que aún no tiene las ventas
que merece (aunque ya sí el reconocimiento crítico).

Así que estaba en lo cierto. Al autor le había molestado no ver el libro en el FNAC, un lugar donde les garantizo que si el título no vende no tiene un hueco, y no se había molestado en asomarse siquiera por nuestra librería, donde toda su obra siempre había estado representada y cuidada hasta ese momento, independientemente de que se vendiera o no.
Todo esto no dejaba de ser una pataleta más de un escritor que no veía su libro, algo a lo que los del gremio estamos acostumbrados y no acostumbramos a dar importancia. ¿Pero saben qué? Esta sí la tenía: al comercial responsable de la distribución del libro, que había hecho bien su trabajo pero no llevaba mucho en la empresa y le tocaba renovar en enero, estuvo a punto de costarle el puesto.
De ahí su congestión al llamar.


Publicado por Bernie_Ohls @ 1:14  | Escritores
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Lunes, 03 de mayo de 2010
Está aquel que siempre pregunta por libros de indios, con su mirada perdida (como de colocado) y al que acostumbran a colgarle los mocos.
El bajito nervioso que habla en un tono de voz demasiado alto y siempre venía preguntando si había salido algo nuevo de Michael Jackson.
El aficionado a la ufología que nos traía barritas de incienso, al que has visto degenerarse y descuidar su aspecto con el paso de los años , y que actualmente está extrañamente obsesionado con Obama.
El chinito que venía con un despertador en el bolsillo y cogía un diccionario que se pasaba cada día leyendo durante más de una hora cada día mientras se urgaba la nariz con el dedo.
El muchacho que te llama cuatro o cinco veces por teléfono el mismo día, haciéndote la misma pregunta o queriendo asegurarse de que tiene reservado un libro, y que con el tiempo descubres que tiene Síndrome de Asperger.
El hombre mayor, de habla pausada y que sabes republicano por sus gustos, que llama para preguntarte si ha salido algún nuevo libro de historia en editorial Crítica y a veces, no sabes por qué, corta bruscamente la llamada.
Y la persona que más sabe de literatura gótica de todos los que conoces, un adinerado que a pesar de su aspecto como de persona afectada por Síndrome de Diógenes es el más humilde y amable de tus clientes, alguien que viene a última hora para no molestar con su fuerte olor corporal y una y otra vez repite la compra de determinados títulos de Siruela o Valdemar porque los regala.
Ellos son o han sido visitantes asiduos de la librería.
Pueden ser más raros, estar más locos o encontrarse más enfermos que muchos de nuestros clientes, pero no te piden un libro del que no recuerdan el título ni el autor, o alguno para regalar a una mujer de treinta y cinco años de la que desconocen todos sus gustos.
Al menos tienen claro lo que quieren.

Publicado por Bernie_Ohls @ 2:07  | Lectores
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S?bado, 01 de mayo de 2010
Este Día Internacional del Trabajador son muchos los que no trabajan no porque sea festivo, sino porque no encuentran trabajo.
Los que tenemos trabajo, no trabajemos pero tampoco lo celebremos.
A os que buscan y no tienen trabajo, ánimo y suerte: les deseo lo mejor.

Publicado por Bernie_Ohls @ 14:10  | Otros
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Hay días en que todo parece salir mal y la gente te viene más irritada que de costumbre. Ya sea por la luna, la lluvia, la presión atmosférica o la derrota del Barça o del Madrid, lo cierto es que llegan (o llaman por teléfono) muchos más clientes con el ceño más fruncido, menos paciencia y más ganas de bronca que de costumbre. El jueves fue uno de esos días.
Mediada la tarde, tras haber pasado por un cliente impertinente de los que necesitan sentirse importantes y pisotearte, atendido dos llamadas telefónicas en que reclamaban enfadados libros encargados que no habían llegado pero aún estaban dentro de los plazos estimados, buscado el distribuidor de un libro de esa editorial nueva, pequeña y bastante desconocida para pedírselo a un cliente (que te lo encargó el día antes y, al llamarle para informarle de que está todo correcto, te dice que gracias pero que ya se lo han regalado) y con la librería llena de gente esperando ser atendida, mi compañero Fernando (que apenas hace dos meses en nuestra plantilla), reclamó con gestos mi atención desde sus casi dos metros de altura. Parecía tener algo importante que decirme, pero como atendía a un cliente y estaba pendiente de atender a otro le rogué que esperara un momento. Un par de minutos después, cuando por fin pude acercarme, tranquilo como es él y con su acento uruguayo, me dijo.
-El caballero quiere el libro de reclamaciones.
Y tras él apareció un señor de mediana edad muy bien vestido que me miró y, muy escueto y serio, añadió:
-Pero el nuevo.
Yo no tenía ni idea de que hubiera un nuevo libro de reclamaciones, y me dije: Ya está. Este es un enteradillo que sabe algo de leyes o es uno de esos "exageradamente consciente de sus derechos" y me pide el nuevo libro de reclamaciones para presionar, buscarnos las cosquillas o tener una razón de más para montarnos una escena.
No le pregunté por qué lo quería. No tememos a las hojas de reclamaciones y eso es algo que a veces desconcierta a algunos clientes que esgrimen el argumento de poner una reclamación para despertar nuestro miedo y conseguir lo que quieren. Pero nosotros somos muy conscientes de que es un derecho del consumidor y nos simplifica mucho las cosas porque si has dialogado con el cliente y no ha quedado convencido con tus argumentos, una vez ha puesto la reclamación, te puedes desentender de él y pasar a otra cosa, pues todo queda en manos de instancias mayores.
Me dirigí muy tranquilo hacia la caja y le pedí a mi compañera Diana el libro, pero cuando fue a sacarlo y no lo encontró en su sitio empezaron a entrarme los sudores fríos. Miré en otro lugar donde suele estar y tampoco se encontraba ahí, y empecé a montarme mi propia película pensando que habían retirado el antiguo, estábamos a la espera de ese nuevo que mencionaba el cliente o vete a saber qué.
Finalmente, Diana lo encontró en su sitio, escondido debajo de otros papeles y carpetas (la verdad es que no acostumbran a ponernos muchas reclamaciones en proporción al volumen de gente que atendemos) y respiré tranquilo. Cogí un bolígrafo, abrí el libro por la hoja donde poner la reclamación, se los tendí al cliente y, serio y formal, le dije:
-Aquí lo tiene.
El caballero miró el libro, luego me miró a mí y empezando a comprender por qué tanto frenesí para buscárselo, también serio y formal, me dijo:
-No. Si yo lo que quiero es comprarlo.

Publicado por Bernie_Ohls @ 11:14
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