Martes, 27 de julio de 2010

En todo lo que se puede llamar arte hay algo de redentor. Puede que sea tragedia pura, si se trata de una tragedia elevada, y puede que sea piedad e iron?a, y puede ser la ronca carcajada de un hombre fuerte. Pero por estas calles bajas tiene que caminar el hombre que no es bajo ?l mismo, que no est? comprometido ni asustado. El detective de esa clase de relatos tiene que ser un hombre as?. Es el protagonista, lo es todo. Debe ser un hombre completo y un hombre com?n, y al mismo tiempo un hombre extraordinario. Debe ser, para usar una frase m?s bien trajinada, un hombre de honor por instinto, por inevitabilidad, sin pensarlo, y por cierto que sin decirlo. Debe ser el mejor hombre de este mundo, y un hombre lo bastante bueno para cualquier mundo. Su vida privada no me importa mucho; creo que podr?a seducir a una duquesa, y estoy muy seguro de que no tocar?a a una virgen. Si es un hombre de honor en una cosa, lo es en todas las cosas.

Es un hombre relativamente pobre, porque de lo contrario no ser?a detective. Es un hombre com?n, porque si no no vivir?a entre gente com?n. Tiene un cierto conocimiento del caracter ajeno, o no conocer?a su trabajo. No acepta con deshonestidad el dinero de nadie ni la insolencia de nadie sin la correspondiente y desapasionada venganza. Es un hombre solitario y su orgullo consiste en que uno le trate como un hombre orgulloso o tenga que lamentar haberle conocido. Habla como habla el hombre de su ?poca, es decir, con tosco ingenio, con un vivaz sentimiento de lo grotesco, con repugnancia por los fingimientos y con desprecio por la mezquindad.

El relato es la aventura de este hombre en busca de una verdad oculta, y no ser?a una aventura si no le ocurriera a un hombre adecuado para las aventuras. Tiene una amplitud de conciencia que le asombra a uno, pero que le pertenece por derecho propio, porque pertenece al mundo en que vive. Si hubiera bastantes hombres como ?l, creo que el mundo ser?a un lugar muy seguro en el que vivir, y sin embargo no demasiado aburrido como para que no valiera la pena habitar en ?l.

?Fragmento de El simple arte de matar (Raymond Chandler, Bruguera, P?ginas 215-216)

Este tambi?n es el ideal para un librero hard-boiled. ?Qui?n se apunta?


Publicado por Bernie_Ohls @ 11:09  | Pasajes de libros
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