Martes, 20 de abril de 2010

Acompañada por un ejemplar de su último libro (Mal trago, de Tennessee Williams, una serie de relatos hasta ahora inéditos en España), hoy hemos recibido una carta en la que Irene Antón, editora de errata naturae, nos agradece nuestro apoyo como librería.

El sobre en la que venía es negro, como lo es también el reverso de la hoja. En el blanco del anverso, el texto viene acompañado por el logo de la editorial (encabezando el folio) y el nombre de la misma (al final del mismo). Todo en ella destila sencillez, sobriedad y elegancia, pero lo que más me ha gustado es que la carta viene manuscrita. Nada de Times New Roman, Arial o Tahoma: está escrita de puño y letra.

Es la segunda carta (y libro) que recibo de ella. La primera hará poco menos de dos semanas que me llegó y me presentaba su Sueños, de Franz Kafka. También vino en sobre y folio con reverso negros, solo que entonces la letra en el anverso era impresa. Sin embargo, a diferencia de las misivas de otras editoriales, que acostumbran a iniciarse con un socorrido estimado librero, la de errata naturae venía dirigida a mi nombre.

Esos pequeños detalles marcan una diferencia y hablan de una forma personal y cuidadosa de hacer las cosas. Si un editor mima hasta esos puntos los pequeñas gestos, qué no hará a la hora de escoger títulos para su catálogo, revisar una traducción o cuidar la edición de sus libros.

Cuando era joven me encantaba escribir cartas, pero no más que recibirlas. Las mías eran manuscritas porque entendía que así eran más personales. Disfrutaba cuando las respuestas también eran de puño y letra, a pesar de que la caligrafía de según quien a veces resultara difícil de descifrar. Por eso agradezco a Irene Antón que en un tiempo en el que las cartas están en peligro de extinción me haya permitido leer su letra, porque no recuerdo la última vez que recibí una carta manuscrita. Y, por supuesto, también le deseo a errata naturae toda la suerte del mundo en su proyecto editorial.

La necesitará porque el trabajo duro y el buen hacer de una editorial no garantizan la supervivencia dentro del mundo del libro en España. Por desgracia.


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